Estoy en la búsqueda del camino más fácil para tener una vida plena y feliz. Si en cuanto al trato con los demás tú, como yo...
¿Te has preguntado cuándo es el mejor momento para dar tu opinión? o
¿Cómo saber si mi opinión será bien o mal recibida?
Para esta o más preguntas acerca de las opiniones revisa el siguiente diagrama para facilitarte la vida y encontrar más rápido la felicidad. ¡Suerte!
Mi opinión es tan válida como la tuya, pero no sólo porque sí o porque no. Siempre hay una razón y una historia para tal o cual opinión. La opinión personal debe abrisre paso entre otras, represoras e ignorantes; acompañada de la voz de la vida, la que sale de la boca de la experiencia inapelable y congruente con lo que se siente bien, bueno y verdadero.
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jueves, 5 de marzo de 2015
Opiniones.
miércoles, 4 de febrero de 2015
PEQUEÑAS EXPECTATIVAS QUE PROVOCAN GUERRAS:
UN PROBLEMA PERSONAL EN UNA RELACIÓN DE PAREJA QUE SE SOLUCIONA ASÍ, PERSONALMENTE
_ “Es
mi cumpleaños y espero la vitamina para fortalecer mi autoestima: las
felicitaciones en mi muro de Facebook, especialmente, la de mi persona favorita
en el mundo, mi pareja. No es que quiera algo especial, para nada. No espero
nada, soy feliz sólo con su felicitación”.
Uno
de los problemas más grande entre los seres humanos es, naturalmente, una
alteración en el proceso de comunicación. Sin embrago, esto sucede porque de
una u otra forma dos personas que piensan diferente tienen expectativas
diferentes. Y no está mal tener expectativas. Todos las personas esperan algo
siempre, un resultado; es normal. Lo que no es benéfico es hacer un drama de la
vida porque no se obtuvieron los resultados que uno esperaba.
Muchas
veces las cosas no son como uno las espera, y ni qué decir de las personas.
Cada persona tiene sus ideas, sus propósitos y sus conflictos. Esto es así en
todas las sociedades del mundo.
Veamos
lo que sucede en el caso de introducción. Transcurre todo el día de cumpleaños
y la persona X no recibe la felicitación de la persona Y. Lo que comúnmente se
esperaría, hablando del común denominador poblacional, es que la persona X se moleste, y no sólo eso,
se reconoce y acepta convencionalmente que está en su derecho de sentirse
miserable por causa de que la persona Y no cumpliera una expectativa tan
sencilla. Entonces, la persona X se siente desilusionada, defraudada, decepcionada,
triste, etc.
En
una relación de pareja convencional se acostumbra que alguien haga cosas para
hacer sentir bien al otro, pero a fin de cuentas, estas cosas terminan por
hacer bien a quien las realiza. Pongamos un ejemplo, la persona X le da una
flor a la persona Y, para hacerle saber a Y que es amada. Regularmente, X
esperaría saber que su regalo fue aceptado con agrado ya sea por una sonrisa,
un beso o un “gracias” de parte de Y. Esta retroalimentación hace sentir bien a
X, finalmente.
Ahora,
hagamos una suposición drástica, ¿qué pasaría si Y estuviera separada de X, a
modo de que no hubiera manera de comunicación de ningún tipo, ni visual, ni
auditiva, ni kinestésica; sólo existe en una puerta, cerrada herméticamente,
una rendija con un pequeño cajón deslizable que impide la comunicación, y sólo
es posible colocar un pequeño objeto? Si la persona X le coloca una flor a la
persona Y, no habrá forma de saber si la flor fue bien recibida o no. Entonces,
¿cómo se sentirá X, bien o mal? El bienestar o malestar de la persona X se
reduce a su manera de pensar. Todo se resume a lo que X se imagine. Si se
imagina que Y suspira por la flor que le dio, entonces se sentirá bien. Pero si
piensa que su flor ni siquiera fue recibida, es probable que sienta ansiedad,
tristeza o cualquier otro sentimiento diferente de la paz o la felicidad.
Lo
mismo sucede con quienes hacen mandas o sacrificios a una deidad o figura
venerable para ellos. Se convencen de que sus actos están siendo tomados de la
mejor manera y esto los hace sentirse bien, de cierta forma. La verdad, todo
está en sus mentes. No tienen manera de comprobar si el ser místico recibe con
agrado lo que hacen o no. Se limitan a decir que lo sienten, o que lo sueñan, o
cualquier otra cosa que forma parte de una experiencia interna. El bienestar o
malestar de lo que hacen depende de cómo piensen.
De
acuerdo a varias filosofías, entre ellas las teológicas, los seres humanos
tienen un objetivo en común: tener paz. De ésta se deriva, la dicha y el bienestar,
en resumen, la felicidad. Viktor Frakl, reconocido psiquiatra y neurólogo que
estudió el comportamiento humano, dice que el hombre tiene la capacidad de
encontrarle sentido a la vida y de ser feliz en medio de cualquier
circunstancia. Es una necesidad y un derecho; siempre ha estado inmanente en
cada ser humano. Esta búsqueda es tan antigua como la humanidad misma. Una
filosofía muy antigua que habla de esto, es una técnica hawaiana ancestral
llamada Ho’oponopono.
El
Ho’oponopono dice que cada ser es responsable al 100% de todo lo que le sucede
a su alrededor. No significa que tenga la culpa de lo que pasa, sino la
responsabilidad de cambiarlo si no le gusta. Dice que un problema es lo que
cada quien decide que es un problema. Si se piensa así, se deduce que el
sufrimiento es opcional. Y, aunque haya dolor, porque es un hecho que no se
puede ignorar, y es una realidad que muchas veces no esta en nuestras manos,
siempre hay formas de cambiar de pensamiento para evitar el sufrimiento, aun en
medio del dolor, que no es lo mismo.
Todo
está dentro de cada quien, en sus mentes. Su manera de pensar define cómo se
van a sentir.
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lunes, 16 de diciembre de 2013
Hoy abro mis ojos a un buen día
Hoy, al despertar, abrí mis
ojos a un buen día. ¿Cómo sabía que lo sería?
El Dr. Viktor Frankl fue
prisionero en varios campos de concentración durante al Holocausto nazi. Él sobrevivió,
pero sus padres y esposa no. Vivió cosas de las que muchos de nosotros ya hemos
oído o visto en documentales o películas. Después de un agotador día de pesadas
labores físicas y de recibir vejaciones, insultos, torturas, desprecios y una
cantidad ridícula de pan duro como su único alimento, el judío se recostaba en
su pestilente galera abarrotada de hombres en similares condiciones
infrahumanas. En las noches, donde una hora de sueño era una bendición para
olvidar esa miseria, el hombre escuchaba a lo lejos una melodía producida por
algo así como un violín. En efecto, a unas galeras de distancia, uno de los prisioneros
había creado, con material encontrado, un violín que tocaba por las noches para
aliviar en algo su desgracia. Al oír la música, su espíritu se elevaba y
agradecía a Dios por el regalo de la apreciación y de esa manera, menguar un
poco su sufrimiento. Eso, amigos, a esa capacidad de sobreponerse de cualquier
adversidad en medio de cualquier situación difícil, se llama RESILIENCIA. Viktor
Frankl podía sentir dicha con ese pequeño detalle musical en el centro de un
horroroso huracán producido por el odio de otros.
Así, con esa historia,
decido apreciar diferentemente cada detalle que el día me ofrece, porque cada
apreciación que puedo hacer es un regalo en mi elección de perspectiva.
Agradezco el aire y el sol
que puedo sentir. El techo y la comida que puedo disfrutar. Ver a mi familia y
a las personas que me rodean. Hoy puedo pretender abrir mis ojos a la realidad
que quiero percibir o imaginar. Yo decido si quiero que sea hermosa.
Hoy no es sólo otro día. Hoy
es el único día que tengo por seguro, es un presente sin abrir lleno de
sorpresas y acontecimientos exclusivos y la única respuesta que puedo dar a
este regalo que puede ser el último, es agradecimiento.
Agradecimiento por las cosas
grandes y pequeñas que puedo disfrutar porque sólo hoy, tengo la seguridad de
estar vivo.
Se suele pensar en días
buenos y días malos, pero no hay tal cosa. El momento actual es el único que
poseo por certeza, el futuro no lo controlo. ¿Por qué habría que ser malo si,
al ser único, no se puede comparar? Por lo tanto, decido que sea hermoso porque
el mañana es incierto. Si mi hoy es lo único que tengo, ¿no podría exprimirle
lo más sublime para almacenar por la eternidad ese recuerdo?
Hoy disfruto cada detalle,
cada sonrisa que veo, pero también me gozo con cada sonrisa que regalo y con
cada buen deseo que decido ofrecer a los demás. Decido apreciar una hoja volar
en el viento, una hormiga que trabaja para pasar el invierno; un ave que puede
cantar y los murmullos típicos de mi ciudad.
Tomo conciencia que puedo
moverme, hablar, ver, oír, sentir y respirar. Puedo permanecer en un lugar,
pero también puedo ir o venir a donde quiera con mi imaginación, si no puedo en
la vida real, y lo mejor es que tengo la libertad de crear.
Abro los ojos de mi alma
para abrazar cada bendición de Dios y permito que fluya a los demás a través de
mi presencia en el mundo.
Hoy abro mis ojos y así será,
de verdad, un buen día.
lunes, 30 de septiembre de 2013
La comida más rica del mundo; así como ésta, todo lo demás.
No estoy seguro si sea cierto, pero he escuchado de algunos supuestos concursos para saber cuál es la cocina más rica del mundo. En mi país, México, he escuchado que la cocina mexicana es la mejor por su variedad de sabores. Sin embargo, un amigo Italiano que vino de paseo un mes por el sur de mi país, dijo que la comida mexicana se le hacía muy repetitiva y sin variedad; que por eso, todo el mundo sabía que la cocina italiana era la mejor. Algunas otras ocasiones, he oído de personas también extranjeras (y aquí es donde empiezo a notar ciertas “casualidades”), que la mejor cocina es la francesa. Que ésta es la base para todas las demás cocinas del mundo. Un amigo bien fresa, asegura que no ha probado nada mejor que la comida griega y turca. Y también he sabido de quienes afirman que no hay comparación alguna con la cocina asiática como la japonesa o la tailandesa.
Entonces, ¿Cuál es la comida más
rica del mundo? Para mí, aunque he probado platillos deliciosos muy
variados, la comida que más me pone contento son las entomatadas, (tortillas de
maíz enrolladas, rellenas de queso panela, y bañadas en una salsa de tomate,
cebolla y ajo; y un poco de más queso espolvoreado encima).
Pero si para mí, las entomatadas son lo que más deleite le da a mis sentidos, y, por ende me pone muy dichoso
mientras las disfruto, ¿cómo viene alguien a decirme que la mejor comida es
otra? He llegado a una conclusión personal: la comida más rica del mundo no es
una opinión generalizada, es siempre algo personal.
Es como para algunas personas la
mamá, el papá o los hijos propios son los mejores del mundo. Conozco muy poca
gente (y creo que bromeaban) que estaría dispuesta a cambiar a sus hijos por
otros que consideran más bonitos, más educados o más inteligentes que los
suyos.
Todos los seres humanos, por más
miserable que sea la condición en la que se encuentren, tienen la capacidad
para ser felices aunque sea con los más mínimos detalles. Las primeras
sensaciones de felicidad de acuerdo a algunos psicólogos, son las que cubren
las necesidades básicas fisiológicas como respirar, comer y beber. También
ayuda si el contexto en el que se llevan a cabo estas condiciones provee tranquilidad y seguridad. La comida es parte fundamental de los seres humanos,
es tan común y placentera que es frecuente que tenga siempre un lugar en
momentos importantes de las personas.
Los seres humanos van moldeando su
forma de ser de acuerdo al entorno en el que se encuentren. Todo lo que suceda
en la vida de una persona desde su infancia será almacenado en su cerebro. Todo
se acumulará en la cabeza y llegará ahí a través de los sentidos. Entonces, si
un infante está comiendo cualquier comida y se encuentra en un contexto demasiado
agradable porque satisface todas sus necesidades básicas, y además está en un
entorno tranquilo, seguro, cómodo, limpio, y lo rodean personas también
satisfechas, esa información será integrada como parte de esa vivencia. Su cerebro
que se encuentra estimulado con un contexto feliz, libera endorfinas para distribuir
este bienestar por todo el cuerpo. Los seres humanos vinculan todo. Así, la
comida que se disfrutaba en un contexto tan agradable, será vinculada como algo
positivo. Si este infante repite ese platillo en el mismo ambiente, cada vez
que pruebe esa comida en el futuro le remitirá a ese estado de felicidad.
Puede ser que haya sido lo
contrario, y que un infante no tuvo momentos así de placenteros cuando se
alimentaba. Que sus momentos de placer con la comida fueron después. No importa
la edad de la persona cuando empieza a tener momentos dichosos mientras
disfruta un alimento, siempre ese momento quedará grabado. Es más, puede ser un
niño que sólo comía una pieza de pan de trigo mientras su familia refugiada se
protegía en medio de una guerra. Si el niño, con su capacidad para ser feliz en
medio de cualquier circunstancia, ve este momento como positivo porque está con
su familia a fin de cuentas, cada vez que coma una pieza de pan de trigo
recordará con nostalgia ese momento “feliz” de su infancia, por el nexo establecido
en esos tiempos.
Es posible que una persona eduque
su paladar para diferenciar diversos sabores, como la gente que se dedica a la
gastronomía o que tiene que ver con la comida. Esta gente tiene un poco más de
posibilidades de apreciar muchos sabores. Sin embargo, es muy difícil desvincular
los sabores que lo hicieron feliz desde antaño con otros nuevos. Así, cada
persona, al momento de probar un alimento y catalogarlo de rico o no, es
influida, en cierta medida por aquellos sabores que se quedaron grabados en sus
momentos felices.
Se afirma que los seres humanos
crean estructuras desde temprana edad. Tales estructuras, una vez creadas y
reafirmadas en la adolescencia y edad adulta temprana, son difíciles de
destruir o reconstruir. De acuerdo a psicólogos como H. Gardner, una vez que un
adulto mayor tiene fijas sus estructuras en cuanto a lo que es bello, verdadero
o bueno, difícilmente aceptará algo nuevo. Por eso, la gente mayor responde menos
positivamente a la moda, música, artes plásticas, entre otras cosas modernas, y
prefiere las que le eran comunes en el período de su crecimiento y formación.
Así que, si un chef famoso o
gastrónomo de renombre opina que una comida es más rica que otra, mi pregunta
es ¿cuánto influye su propia historia personal con respecto a la comida en la
evaluación que realiza? ¿Cuánto influye la opinión de otros chef de renombre en
su propia opinión? Como paladares educados, es posible que distingan pequeñas
sutilezas de sabores, pero aún así, es muy poco probable que se desvinculen sus
vivencias con sus gustos e inclinaciones.
Entonces, creo que así como en la
comida, la opinión verdadera de qué es lo más rico del mundo, es la propia.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Absurdos modernos: La Corbata, símbolo de esclavitud
El fin de semana fui de saco y corbata a una boda. No tardé
ni media hora bailando cuando me quité la corbata por la sofocación que me
hacía sentir. Otro día, en el templo al que ocasionalmente voy, escuché que era
obligatorio para los chicos que cantaban usar corbata. Hace mucho tiempo supe
que había restaurantes en lo que no se permite la entrada a hombres sin
corbata. Y ni hablar de eventos de gala donde van las personas “importantes”.
Lo anterior me llevó a preguntarme: ¿Para qué sirve la
corbata? Sin duda, hace mucho me respondí tácitamente que servía para poder
estar, sin que nadie te mirara feo, en las situaciones anteriores.
Pero, realmente, ahora me respondo que: ¡LA CORBATA NO SIRVE
PARA NADA! Ni siquiera es un accesorio útil. No conozco a nadie que use una
corbata porque le guste la sensación. Nadie usa una corbata (como debe usarse,
verdad. Es decir, ajustada al cuello) cuando está en casa o cuando va al cine
con sus amigos como usaría una pulsera o un collar. Otros accesorios realzan o
esconden alguna parte del cuerpo, otros tienen un significado como los anillos,
otros sólo son de adorno pero no estorban ni causan molestias como las
pulseras. Pero las corbatas no aportan nada bueno. Una corbata no hace que un
cuello se vea más largo o estilizado; no tiene ningún significado, a menos de
que diga una frase o tenga un sello distintivo de una empresa, no tapa una
barriga prominente, ni da más volumen a los vientres sumidos; realza la papada
(la piel colgante debajo de la mandíbula); cusa calor, comezón o picazón cuando
roza con la parte baja de la barba, que es muy sensible; y, sobre todo, estorba
horrores.
Por ejemplo, cuando uno va al baño la corbata es el peor de
los accesorios. Si se va a hacer pipí, la corbata tiene que echarse hacia la
espalda para que no estorbe y termine orinada. Se tiene que echar hacia atrás a
fuerzas cuando alguien con corbata va al baño a hacer algo más y tiene que
sentarse sobre la taza, si no, la corbata termina dentro del inodoro y ni
hablar de los detalles. Estorba para deglutir agua o comida, para agachar sólo
la cabeza para leer o simplemente para ver algo hacia abajo, para voltear hacia
algún lado o hacia el otro. Usar una corbata no es la comodidad por excelencia
y punto.
Entonces, ¿por qué hay que usar una corbata? ¿Acaso porque
es elegante? ¿De dónde viene la idea de que es elegante? ¿Qué tanto influye la
moda en nosotros para determinar que un hombre (o mujer) es elegante por una
corbata? ¿No es posible ser elegante de otra manera que no sea usando una
corbata? El asunto de la moda es algo que cada quien asimila como se le antoje,
pero llevarlo al extremo de ser necesario para ciertos trabajo, puestos
representativos o acceso a ciertos lugares como restaurantes o eventos, es una
opresión. Es como un yugo simbólico (pero muy explícito, también). Es una
manera de mostrar esclavitud. Al hacerlo necesario u obligatorio ya no hay
lugar al albedrío o a los gustos personales. Con la corbata no aplica el dicho:
“de la moda, lo que te acomoda”.
La corbata es un accesorio que da distinción. Ahí no tengo
argumentos en contra, por supuesto que distingue, pero sólo distingue a alguien
que usa de quien no usa corbata. Es todo. Es como la moda inglesa o francesa del
siglo XVIII de las pelucas. Sólo porque el Rey Sol, Luis XIV , usaba una para
ocultar su calvicie y todos debía imitar al rey, se popularizó a tal grado que
incluso hoy en día, en las cortes inglesas, los jueces las siguen usando. “¿Pa’
qué?”.
La corbata además de ser inútil para quien la lleva puesta y
estorbosa, puede ser peligrosa. Es un arma potencial para los demás, en este
sentido, sí es útil, pero para quien quiera estrangular a un hombre con corbata
(o mujer, porque hay algunas que las usan). Literalmente es una soga al cuello.
Basta que tomes, hales fuerte y que no sueltes a alguien con corbata para que
lo asfixies. En cierto modo, además de símbolo de esclavitud es un método
potencialmente mortal. Se me ocurre, incluso, que llega a ser atractivo para
algunas mujeres porque subconscientemente es una manera de saber que pueden
matar a un hombre. Sí, puede ser que una mujer que sufrió por un hombre en su
niñez, sienta que una corbata es una manera en la que puede tener la vida de un
hombre en el cual proyecta su odio o frustración. Con sufrir por un hombre, me
refiero a cualquier tipo de sufrimiento, no necesariamente que el hombre la
haya agredido físicamente. Tal vez, la mujer sufrió por el amor de un hombre al
que nunca tuvo, pudo haber sido su padre, tío, profesor, amigo, etc. De manera
subconsciente, nunca obtuvo su corazón y ahora, una corbata es una proyección
mental que le indica que, si quiere, puede tener la vida de ese hombre. Suena
muy loco, pero se me ocurre que para alguien pueda ser cierto.
Ahora, ¿por qué se exige la corbata en ciertos lugares?
¿Acaso una corbata otorga honestidad, bondad, confiabilidad, honor y bondad a
quien la usa? Esos son atributos que también tienen las personas que no usan
corbata en lugares opuestos de servicios públicos, como las mujeres. Entonces,
¿por qué sentirse ofendido si un hombre en algún puesto de servicio al público
no usa una corbata? ¿Ofende que no lleve puesto su símbolo de esclavitud o el
arma con la que se sabe, puede matarlo? La verdad, no encuentro ninguna razón
lógica para que se use una corbata. Su uso debería ser solamente si la persona
quiere llevarla. Jamás algo obligado. Pero bien, sé que muchas personas
obedecen a ciertas convenciones sociales absurdas y pasajeras, como las pelucas
blancas del siglo XVIII y el uso de las corbatas.
Una corbata, luego entonces, si se quiere usar como
accesorio, debería ser opcional de quien decida llevarla. Nunca como algo
forzoso ni obligatorio.
domingo, 22 de septiembre de 2013
El secreto de la felicidad
Estaba tomando un café muy
delicioso cuando se me acerca un amigo y me pregunta. _ “Edgar, ¿eres feliz?”
Su pregunta me dejó pensando en una respuesta concisa y satisfactoria. Concisa,
porque me he dado cuenta de que muchas veces las personas hacen preguntas
esperando escuchar una respuesta corta y de acuerdo a sus percepciones. Mis
respuestas no suelen ser así y noto con un dejo de frustración que a la mitad
de mi discurso explicativo, las personas pierden el interés. ¿Para qué me
preguntan algo así de profundo, entonces? Bueno, en fin, sabiendo que tengo
poco tiempo para expresar mi opinión, busco las palabras precisas que la resuman
para que sea a la vez, satisfactoria, es decir, que a pesar de utilizar pocas
palabras logre explicar de manera general lo que pienso al respecto.
Mi respuesta fue: _”Sí, pero
más que feliz, estoy contento”. Pensé que de esta manera, por lo menos no
iniciaba con una negación pero tampoco era del todo condescendiente y se abría
la posibilidad a un intercambio de opiniones.
Considero que la felicidad
es inalcanzable como un estado de ánimo permanente. Para mí la felicidad se
deja sentir suavemente por períodos cortos de tiempo a lo largo de la vida. Se
puede experimentar una sombra de la felicidad en determinados momentos, pero no
como un estado permanente. Lo más parecido a lo que llamo felicidad es el
contentamiento.
La felicidad, como lo
expliqué en otra entrada al blog, es como un perro persiguiendo su propia cola.
Es ese deseo del ser humano por seguir vivo. El estado eterno de felicidad es
lo que nos hace seguir haciendo cosas y seguir caminando hacia el tiempo.
Pareciera que por momentos la alcanzamos pero entonces, se aleja y seguimos en
pos de ella. Tal vez, nadie lo sabe, pero puede ser que la felicidad sea
alcanzada después de la muerte.
Entonces, decía, lo más parecido
es el contentamiento. El contentamiento sería ese estado en el que uno se
siente en paz consigo mismo y con lo demás alrededor. Paz y contentamiento se
entrelazan. Paz, es no tener miedo o ansiedad por que algo peligroso o maligno
que se acerque. Un delincuente o alguien que haya trasgredido el derecho y el
espacio vital de otra persona, difícilmente
puede tener paz y por lo tanto, será difícil que tenga contentamiento.
Sería imposible tener
contentamiento también si se vive en armonía con el prójimo pero se vive en
líos con uno mismo. Hay personas que no hacen daño a los demás, pero con sus pensamientos
se dañan a sí mismos. Los pensamientos autodestructivos son los que tiene una
persona que la hacen sentirse menos, poco valiosa, inútil, fea, despreciable,
etc. No puede tener paz porque vive comparándose con otros a quienes admira y
no logra parecerse. Hay una guerra interna entre lo que esa persona es y no
quiere ser. Hasta que comprenda que es única, especial, valiosa y útil para los
demás, por ser quien y como es, podrá tener paz y disfrutar entonces del
contentamiento, que repito, sería lo más cercano a esa idea de la felicidad
permanente.
En una ocasión, mientras
estudiaba para ser profesor, una maestra contó un cuento que se me quedó
grabado y me permitió comprender un concepto que me ha servido en momentos en
los que no siento contentamiento:
“Era una vez, un príncipe que
salió en búsqueda de la felicidad. Quería que, cuando fuera rey, todas las
personas del reino fueran felices.
Abandonó su comodidad y fue
a muchos países remotos. Preguntó a sabios, monjes, gurús, políticos y magos,
pero cada uno le daba una opinión que no satisfacía el príncipe. Unos le
dijeron que la felicidad estaba en el conocimiento, que mientras más sabiduría
y ciencia tuviera un hombre, más feliz sería; otros le compartieron que la
felicidad estaba en su relación con Dios o con el universo, que alcanzaría la
felicidad mientras más se dedicara a la contemplación, a la meditación y a una
vida austera y religiosa; otros dijeron que la felicidad se encontraba en la
riqueza y en el poder, que mientras más control tuviera sobre los súbditos, más
feliz sería; otros le enseñaron que la felicidad estaba en dominar los
elementos de la naturaleza, que sería muy feliz cuando pudiera someter a su
voluntad las esencias creadoras del cosmos. Todos estos consejo le parecía
útiles y razonables, pero en el fondo no le convencían.
Cansado de tanto buscar,
decidió regresar a su hogar y en su camino se adentró por un bosque muy denso.
Mientras pasaba por los grandes árboles, vio unos destellos de muchos colores.
Los siguió y al ver que los destellos se hacían más intensos como luces de
muchos colores se detuvo y pudo distinguir una mariposa muy grande y hermosa.
Se quedó contemplando cada unos de las luces multicolores de las alas de la
mariposa por un tiempo hasta que la mariposa le habló. _Veo que estás
necesitado de algo. Puedo concederte un solo deseo, el que tú quieras_ .
El príncipe no daba crédito
a lo que sucedía pero dijo: _Mi único deseo es saber el secreto de la felicidad
para que pueda reinar un día con justicia y mi reino sea dichoso_.
_Lo que pides es muy
sencillo_ Contestó la mariposa. _ El secreto de la felicidad es comprender que
todos les sirven a todos.
Y dicho eso, la mariposa
desapareció.” Fin.
La maestra terminó el cuento
así, abruptamente, y dejó espacio para los comentarios.
Creo que cuando comprendemos
que cada uno es útil para los demás, uno adquiere un valor. El valor de saber
que uno es importante. También le damos a los demás su propio valor porque cada
quien aporta algo único a los demás. ¿Qué es? Cada quien debe reflexionar sobre
cuál es o son sus talentos para el servicio a los demás. Hay personas que pasan
sus vidas haciendo un trabajo que no les satisface porque no ponen en práctica
su talento especial.
El talento especial es lo
que uno hace bien, le complace y es útil para sí mismo y para los demás. Dios
nos ha dado por lo menos un don a cada quien. Hay que descubrirlo. Ese es un
deber personal.
El comprender que todos
les sirven a todos, permite respetarse
uno mismo y aún más difícil, a veces, permite vivir respetando a cada individuo
porque es beneficioso.
Y, como dijo el benemérito
de las América, Don Benito Juárez García: “_Entre los individuos como entre las
naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz_”.
Y como la paz y el
contentamiento están relacionados, aplica. Y como el contentamiento es lo más
parecido a la felicidad permanente, el cuento de la mariposa también aplica.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
El destino y/o la casualidad de ser felices
La premisa número uno de los seres humanos con deseos de seguir vivos, claro, porque siempre hay los que desean pasar a "mejor vida", es ser felices. (Para evitar aclaraciones posteriores hablaré sólo de los que desean seguir viviendo).
Todo lo que hacemos desde que nacemos está dirigido para obtener placer. Los bebés lloran para saciar sus necesidades básicas y al cumplirlas el cerebro produce endorfinas, que son las hormonas que hacen sentir felicidad.
Estas necesidades básicas perduran toda la vida, pero van saliendo otras, como las necesidades de la famosa pirámide de Maslow: las de seguridad, afiliación, reconocimiento y autorealización. Pero estas necesidades se describen muy generales y de cierta manera son controlables; pero el ser humano es mucho más complejo y hay situaciones externas que no se pueden controlar.
Para los acontecimientos que simplemente ocurren sin importar la voluntad humana, los hombres (palabra genérica que en español se usa para designar a los seres humanos de ambos sexos y la cual empleo por mera regla gramatical, sin ningún fin sexista... En otra publicación hablo de esto) han creado un mundo de explicaciones para, de nuevo, hallarle el modo a la obtención de la felicidad.
Así pues, si a una persona no le salen las cosas como se las esperaba, puede ser en una tarea del colegio, en un trabajo, en una relación de amistad, de noviazgo o cualquiera otra filiación sentimental, en una situación económica, mercantil, política, etc., etc., crea pensamientos que lo distraigan de la situación problemática o compleja como: "No hay mal que por bien por venga", "De todo se aprende", "Lo que no nos mata, nos hace más fuertes" y, si la persona es cristiana: "Todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios..." (Romanos 8:28).
Si la tragedia es una que no tiene remedio o explicación el hombre ha creado frases como: "Todo pasa por una razón", "El tiempo lo cura todo", "Los caminos de Dios son misteriosos", y más. Cada idioma y cada cultura tiene sus propias frases, como si al repetirlas o decirlas en voz alta se negara la realidad: ¡Que nos está llevando la chingada!
Eso es, al ser humano le da miedo aceptar que en ese momento le está yendo del demonio y quiere adelantarse a la parte bonita que le sigue. Anhela seguir en pos de la felicidad. Pero la verdad es que la felicidad nunca se alcanza mientras se esté vivo, después, nadie lo sabe. Por lo pronto, lo único que se puede hacer es tener contentamiento, es decir, aceptar con satisfacción y resignación lo que se vive hoy como es. Para eso, el hombre ya tiene experiencia y callo mientras más tiempo tenga en el camino del vivir. Puede ser bueno o puede ser malo, pero la verdad es que las circunstancias son como uno las quiera percibir.
Aunque cada ser pensante ya debería saber que la vida es cíclica, o sea que todo pasa y, que en algún tiempo se está bien y en otro no tan bien, se tiende a exagerar todo porque, hay que aceptarlo, nos encanta el drama.
Hace tiempo leí una historia en un librito de una autora llamada Mabel Katz que parafraseo de la siguiente manera:
"Había una vez un viejo que vivía en un reino y tenía un hermoso caballo. El rey, que andaba paseando por la aldea, al ver al animal lo quiso comprar pero el anciano se negó. Todo el pueblo decía que era un tonto, que con el dinero que el rey le daría podría salir de pobre. Al día siguiente el caballo había escapado, el anciano había olvidado cerrar la puerta del establo. Todo el pueblo se lamentaba diciendo que era una terrible tragedia porque se había perdido tan hermoso animal que el rey había querido comprar. El anciano respondió que no exageraran y que sólo se limitaran a decir que el caballo había escapado, que no se sabía lo que podría pasar después.
Al otro día, las personas del pueblo despiertan y descubren que no sólo el caballo había regresado, sino que había traído con sí otro cuatro hermosos ejemplares. El pueblo le dijo al viejo que tenía razón y que lo que había ocurrido era una gran fortuna. A lo que el hombre respondió que como siempre exageraban, que sólo consideraran que el caballo había vuelto con otros y que no podía asegurarse que fuera la mayor de las bendiciones.
El único hijo del anciano, viendo que los cuatro animales eran salvajes, trató de domar a uno, pero al intentar montarlo se cayó y se rompió las piernas quedando discapacitado para siempre. El pueblo creyó que ahora el viejo tenía razón diciendo que la llegada de los animales había sido en realidad una gran desgracia. El anciano les respondió con cólera una vez más pidiéndoles que se contuvieran en decir que esto era una gran desgracia.
Pronto, el reino entró en guerra y se enviaron a todos los varones jóvenes del pueblo. Obviamente, el hijo del anciano, al ser tullido no fue mandado al combate. El pueblo reconoció su error y dijeron que el hombre era un sabio, que efectivamente, para él era una fortuna que su hijo no pudiera caminar, de esa forma se salvaría de una muerta segura como el resto de los hijos del pueblo... El anciano, volvió a reprenderlos una vez más".
Como podemos ver, todo pasa. Lo bueno pasa y lo malo pasa. Cada uno vive ambas experiencias a lo largo de la vida.
Esto ha llevado a crear el concepto de destino o casualidad. Hay quienes piensan que todo está escrito y que realmente no hay albedrío, otros piensan que todo se va escribiendo conforme uno vaya tomando decisiones. La verdad, nadie lo sabe por certeza.
Es cierto que hay acontecimientos que parecieran que suceden porque uno los desea fuertemente. Por ejemplo, si uno piensa mucho en una persona especial y al poco tiempo se le encuentra, pareciera una gran casualidad o deseo cumplido. Pero hay otras veces en las que se piensa lo mismo y la persona no aparece. Así es con todo. Podría ser que sólo ocurre lo que tiene qué ocurrir por el destino. Nadie lo puede asegurar con pruebas.
Sea casualidad o sea destino, la felicidad la concibo como un perro persiguiendo su propia cola. Parece que ya está a un paso pero se aleja siempre. Por eso existe la frase que dice que la felicidad está en el camino no en el destino y, esto depende de cómo se quiera percibir este camino llamado vida.
Hay sucesos mientras se viva. Punto. No se puede negar el hecho de que haya acontecimientos, al fin y al cabo la vida es una serie de ellos. Que éstos sean problemas o fortunas, cada quien lo decide. Cada quien tiene dos ojos (bueno, excepto los tuertos, pero es un decir), uno representa la posibilidad de ver todo bueno y el otro de ver todo malo. Cada quien decide qué ojo abrir para ver cada acontecimiento.
Todo lo que hacemos desde que nacemos está dirigido para obtener placer. Los bebés lloran para saciar sus necesidades básicas y al cumplirlas el cerebro produce endorfinas, que son las hormonas que hacen sentir felicidad.
Estas necesidades básicas perduran toda la vida, pero van saliendo otras, como las necesidades de la famosa pirámide de Maslow: las de seguridad, afiliación, reconocimiento y autorealización. Pero estas necesidades se describen muy generales y de cierta manera son controlables; pero el ser humano es mucho más complejo y hay situaciones externas que no se pueden controlar.
Para los acontecimientos que simplemente ocurren sin importar la voluntad humana, los hombres (palabra genérica que en español se usa para designar a los seres humanos de ambos sexos y la cual empleo por mera regla gramatical, sin ningún fin sexista... En otra publicación hablo de esto) han creado un mundo de explicaciones para, de nuevo, hallarle el modo a la obtención de la felicidad.
Así pues, si a una persona no le salen las cosas como se las esperaba, puede ser en una tarea del colegio, en un trabajo, en una relación de amistad, de noviazgo o cualquiera otra filiación sentimental, en una situación económica, mercantil, política, etc., etc., crea pensamientos que lo distraigan de la situación problemática o compleja como: "No hay mal que por bien por venga", "De todo se aprende", "Lo que no nos mata, nos hace más fuertes" y, si la persona es cristiana: "Todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios..." (Romanos 8:28).
Si la tragedia es una que no tiene remedio o explicación el hombre ha creado frases como: "Todo pasa por una razón", "El tiempo lo cura todo", "Los caminos de Dios son misteriosos", y más. Cada idioma y cada cultura tiene sus propias frases, como si al repetirlas o decirlas en voz alta se negara la realidad: ¡Que nos está llevando la chingada!
Eso es, al ser humano le da miedo aceptar que en ese momento le está yendo del demonio y quiere adelantarse a la parte bonita que le sigue. Anhela seguir en pos de la felicidad. Pero la verdad es que la felicidad nunca se alcanza mientras se esté vivo, después, nadie lo sabe. Por lo pronto, lo único que se puede hacer es tener contentamiento, es decir, aceptar con satisfacción y resignación lo que se vive hoy como es. Para eso, el hombre ya tiene experiencia y callo mientras más tiempo tenga en el camino del vivir. Puede ser bueno o puede ser malo, pero la verdad es que las circunstancias son como uno las quiera percibir.
Aunque cada ser pensante ya debería saber que la vida es cíclica, o sea que todo pasa y, que en algún tiempo se está bien y en otro no tan bien, se tiende a exagerar todo porque, hay que aceptarlo, nos encanta el drama.
Hace tiempo leí una historia en un librito de una autora llamada Mabel Katz que parafraseo de la siguiente manera:
"Había una vez un viejo que vivía en un reino y tenía un hermoso caballo. El rey, que andaba paseando por la aldea, al ver al animal lo quiso comprar pero el anciano se negó. Todo el pueblo decía que era un tonto, que con el dinero que el rey le daría podría salir de pobre. Al día siguiente el caballo había escapado, el anciano había olvidado cerrar la puerta del establo. Todo el pueblo se lamentaba diciendo que era una terrible tragedia porque se había perdido tan hermoso animal que el rey había querido comprar. El anciano respondió que no exageraran y que sólo se limitaran a decir que el caballo había escapado, que no se sabía lo que podría pasar después.
Al otro día, las personas del pueblo despiertan y descubren que no sólo el caballo había regresado, sino que había traído con sí otro cuatro hermosos ejemplares. El pueblo le dijo al viejo que tenía razón y que lo que había ocurrido era una gran fortuna. A lo que el hombre respondió que como siempre exageraban, que sólo consideraran que el caballo había vuelto con otros y que no podía asegurarse que fuera la mayor de las bendiciones.
El único hijo del anciano, viendo que los cuatro animales eran salvajes, trató de domar a uno, pero al intentar montarlo se cayó y se rompió las piernas quedando discapacitado para siempre. El pueblo creyó que ahora el viejo tenía razón diciendo que la llegada de los animales había sido en realidad una gran desgracia. El anciano les respondió con cólera una vez más pidiéndoles que se contuvieran en decir que esto era una gran desgracia.
Pronto, el reino entró en guerra y se enviaron a todos los varones jóvenes del pueblo. Obviamente, el hijo del anciano, al ser tullido no fue mandado al combate. El pueblo reconoció su error y dijeron que el hombre era un sabio, que efectivamente, para él era una fortuna que su hijo no pudiera caminar, de esa forma se salvaría de una muerta segura como el resto de los hijos del pueblo... El anciano, volvió a reprenderlos una vez más".
Como podemos ver, todo pasa. Lo bueno pasa y lo malo pasa. Cada uno vive ambas experiencias a lo largo de la vida.
Esto ha llevado a crear el concepto de destino o casualidad. Hay quienes piensan que todo está escrito y que realmente no hay albedrío, otros piensan que todo se va escribiendo conforme uno vaya tomando decisiones. La verdad, nadie lo sabe por certeza.
Es cierto que hay acontecimientos que parecieran que suceden porque uno los desea fuertemente. Por ejemplo, si uno piensa mucho en una persona especial y al poco tiempo se le encuentra, pareciera una gran casualidad o deseo cumplido. Pero hay otras veces en las que se piensa lo mismo y la persona no aparece. Así es con todo. Podría ser que sólo ocurre lo que tiene qué ocurrir por el destino. Nadie lo puede asegurar con pruebas.
Sea casualidad o sea destino, la felicidad la concibo como un perro persiguiendo su propia cola. Parece que ya está a un paso pero se aleja siempre. Por eso existe la frase que dice que la felicidad está en el camino no en el destino y, esto depende de cómo se quiera percibir este camino llamado vida.
Hay sucesos mientras se viva. Punto. No se puede negar el hecho de que haya acontecimientos, al fin y al cabo la vida es una serie de ellos. Que éstos sean problemas o fortunas, cada quien lo decide. Cada quien tiene dos ojos (bueno, excepto los tuertos, pero es un decir), uno representa la posibilidad de ver todo bueno y el otro de ver todo malo. Cada quien decide qué ojo abrir para ver cada acontecimiento.
Roles desabridos
Existe
en la opinión colectiva de algunas sociedades la idea de que los hombres y las
mujeres deben tener roles diferenciados y definidos. Se ha hecho uso de
recursos históricos, biológicos y teológicos para fundamentar esa opinión. Sin
embargo, no hay razones suficientes para
decir quién debe hacer qué en este mundo.
Claro,
la ley establece comportamientos adecuados para el bienestar social, y nadie
debe estar encima de la ley. Quiero decir que nadie debe decidir por otros qué
hacer siempre y cuando no se dañe el derecho ajeno y la regla de oro: Trata a los demás como querrías que te trataran a ti".
Las
razones históricas, en vez de validar el pensamiento sexista de los roles
sociales, demuestra que éstos han cambiado de cultura en cultura a través del
tiempo. En una época y sociedad, la
mujer era la encargada de dirigir a la familia, en otra, el hombre era usado
solamente para procrear; en muchas, la mujer ha sido menospreciada e
infravalorada creando un machismo que se ha mantenido. Ni el machismo ni el
feminismo son correctos porque cada persona es diferente y especial,
independientemente de su sexo. Cada cultura establece en un tiempo determinado
de su propia historia qué rol debe ejercer cada género.
Hay quienes afirman que los hombres son más fuertes físicamente que las mujeres. Bueno, conozco mujeres más fuertes y con más músculos que algunos hombres. Hay quienes dicen que las hormonas hacen que las mujeres sean más sensibles y emotivas. Bien, conozco hombres que son más sensibles y emotivos que muchas mujeres. Hay quienes dicen que los hombres tienen unas habilidades que las mujeres carecen, como el sentido de la orientación, por ejemplo. Sin embargo, conozco hombres que no ubican ni su propia casa en su ciudad y mujeres que serías excelentes cartógrafas. También, está la idea de que las mujeres se pueden concentrar en múltiples actividades a diferencias de los hombres, que sólo pueden hacerlo en una sola. No hay evidencia científica al respecto y la poca que hay establece que tanto hombres como mujeres no pueden poner la misma atención a diferentes cosas y que sólo pueden concentrarse adecuadamente en una actividad. ¡Nada de hablar y manejar al mismo tiempo sin importar el género! Estos argumentos que pasan como “biológicos” o “naturales” no están sustentados.
Hay quienes afirman que los hombres son más fuertes físicamente que las mujeres. Bueno, conozco mujeres más fuertes y con más músculos que algunos hombres. Hay quienes dicen que las hormonas hacen que las mujeres sean más sensibles y emotivas. Bien, conozco hombres que son más sensibles y emotivos que muchas mujeres. Hay quienes dicen que los hombres tienen unas habilidades que las mujeres carecen, como el sentido de la orientación, por ejemplo. Sin embargo, conozco hombres que no ubican ni su propia casa en su ciudad y mujeres que serías excelentes cartógrafas. También, está la idea de que las mujeres se pueden concentrar en múltiples actividades a diferencias de los hombres, que sólo pueden hacerlo en una sola. No hay evidencia científica al respecto y la poca que hay establece que tanto hombres como mujeres no pueden poner la misma atención a diferentes cosas y que sólo pueden concentrarse adecuadamente en una actividad. ¡Nada de hablar y manejar al mismo tiempo sin importar el género! Estos argumentos que pasan como “biológicos” o “naturales” no están sustentados.
De nuevo la cultura y la educación juegan
un rol importante. A los niños varones se les trata de inculcar, en la mayoría
de las sociedades contemporáneas, que son fuertes, que no lloran, que son
valientes, que deben ser rudos y realizar los trabajos “de hombre” designados según
el lugar geográfico donde se encuentren. A las niñas se les educa para
desarrollar su “instinto maternal” y les enseñan que está bien llorar (en
muchos casos se permite que el llanto sea una manera de chantaje), que sea
condescendiente y habilidosa para las tareas domésticas que existen en su
cultura o en la cultura de la provengan sus padres.
Así, a los niños se les educa para que
repriman sus sentimientos sensibles y comportamiento introvertido o tímido, así
como algunas habilidades consideradas “no aptas” para los varones y lo mismo
ocurre con las niñas que son más rudas o desenvueltas, se les enseña a ser más
bien sumisas y retraídas.
Los medios de comunicación, las
telenovelas, las películas, los cuentos, etcétera, fomentan esta visión de un
mundo sexista.
En cuanto a la visión teológica ni hablar.
La mayoría de las religiones con dogmas establecidos tienen roles definidos
para el género de las personas.
Como creyente del cristianismo, conozco en
algo la Biblia, el libro sagrado para los cristianos. Sé que el Nuevo
Testamento (la parte bíblica donde se narran los hechos a partir de
Jesucristo), Jesús no enseñó nada acerca de roles. En la religión judía, a la
cual Cristo era adepto, se enseñaba que la mujer era inferior al hombre. Sin
embargo, Jesús rompió muchos de esos esquemas y consideró iguales a hombres y
mujeres. El Apóstol Pablo lo confirmó diciendo en Gálatas 3:28 "No hay judío ni griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra; porque todos sois uno en Cristo Jesús". Pero, como estas cosas se determinan por el contexto histórico, y, en ese entonces, ese contexto era machista, al parecer nadie le hizo mucho caso.
Así que, confirmo mi opinión de que las diferencias en cuanto a roles masculinos y femeninos son una cuestión meramente cultural. Esos roles son determinados por el lugar geográfico y el tiempo histórico al que una sociedad pertenezca. En sociedad multicultural de hoy en día, los roles de género deberían ser por acuerdo y convicción personal.
Aunque yo establezco que el verdadero cristianismo no es
sexista, hay muchos que afirman lo contrario porque el Antiguo Testamento,
sobretodo el Pentateuco (la parte de la Biblia que comparten los credos judíos,
musulmanes y cristianos) es increíblemente machista. Por todos lados hay textos
que denigran la calidad humana de la mujer y, basados en esto, algunos
cristianos, tristemente, hacen a un lado las enseñanzas de Cristo para
argumentar con la ley judía la sumisión femenina.
Pero hasta por lógica, si se establece que Dios creó al
hombre y a la mujer, y se comprueba por la experiencia que la mujer y el hombre
son igual de capaces para hacer cualquier tarea, ¿por qué decir que no es así
basados en textos que deben ser entendidos sólo en el contexto cultural e
históricos en el que fueron concebidos? La única respuesta que se me ocurre es
que es debido a un machismo bien arraigado con pintas de “piedad”.
Así que, confirmo mi opinión de que las diferencias en cuanto a roles masculinos y femeninos son una cuestión meramente cultural. Esos roles son determinados por el lugar geográfico y el tiempo histórico al que una sociedad pertenezca. En sociedad multicultural de hoy en día, los roles de género deberían ser por acuerdo y convicción personal.
Tanto un hombre y una mujer deben tener libertad
de elegir las actividades que deseen y que los hagan seres dichosos y
satisfechos, desarrollando al máximo su potencial como seres humanos con
capacidades únicas y talentos especiales para enriquecer sus propias vidas y a
la sociedad a la que pertenecen.
martes, 10 de septiembre de 2013
Princesas, príncipes y princesos
Muchas personas esperan por su pareja ideal. Pero nunca llega porque la pareja ideal no existe.
Tristemente algunas mujeres y pocos hombres viven en un mundo de cuentos de princesas bondadosas y príncipes caballeros. Ese es un mundo que despareció hace mucho tiempo. Sin embargo, en este siglo XXI, aún hay algunas reminiscencias ilusas de aquellas épocas... o más bien, aquellos cuentos.
La liberación femenina tiene mucha relevancia en esto. La liberación femenina es un paso a la igualdad de sexos, si es que no se pasa de la raya y termina siendo un feminismo.
Los hombres y las mujeres deberían distinguirse únicamente por las diferencias genitales, y algunas físicas (pocas e irrelevantes), ni más ni menos.
Las mujeres de actualidad, a diferencia de años atrás en el mundo occidental, trabajan horarios iguales a los de los hombres, ejercen roles que antes se pensaban que eran estrictamente masculinos, visten como desean, incluso de pantalón, tenis y gorra; se cortan el pelo a ras, se maquillan si quieren, leen, van al cine, viajan, dicen y piensas lo que desean, votan, etc. No hay leyes que regulen más este tipo de actividades. Incluso, socialmente, se ven como cosas normales para las mujeres de la actualidad, si no las hacen es porque no quieren. A pesar de que aún exista el machismo en algunas comunidades, la libertad se impone.
Pero es entonces cuando surge un problema para las mujeres y para los hombres: la dificultad de encontrar una pareja. Hombres y mujeres han aceptado estos "ajustes" a los roles, pero hay otros que se resisten. Me refiero a la dichosa "caballerosidad".
Muchas féminas actuales con todas las libertades que gozan, todavía esperan que su pareja sea un caballero, así como esos de los cuentos medievales. Esperan (y si no, aun piensan que sería ideal) que el hombre las corteje, ¿cómo? igual que los caballeros andantes de antaño. Que les hablen, que las inviten, que les paguen, que les abran la puerta, que las carguen, que les traigan, que las lleven, que les resuelvan los problemas, que mantengan la casa y la familia, si están casados, que las defiendan, que tengan detalles públicos de su amor, etcétera, etcétera.
Sé que algunas mujeres no quieren estas cosas, pero realmente, aún las más liberales, sueñan con un hombre que las trate así.
Ningunas de las acciones mencionadas están mal, pero son tan válidas tanto de un hombre para una mujer como de una mujer para un hombre. O, inclusive, de un hombre para otro hombre o de una mujer para otra mujer. Todas las acciones buenas deben ser buenas para todos los seres humanos sin importar el género.
El problema está en que si una mujer espera todos esos actos caballerosos, está mandando una señal errónea a su pareja si es que ella no está dispuesta a ser una pareja sumisa y abnegada. No se pueden tener sólo beneficios sin obligaciones.
En los tiempos antiguos, en la cultura de occidente, la mujer era considerada inferior al hombre. Es muchas sociedades, ni siquiera era considerada como un ciudadano y no tenía voz ni voto en las decisiones de la comunidad. Es más, ni era contada en los censos. Era un ser marginado que no podía (por las ideas de entonces) trabajar, estudiar o hacer actividades igualitarias a aquellas permitidas a los varones.
Por consiguiente su existencia y estatus dependían del hombre que se hiciera cargo de ella. Como era un ser que "ni podía tener ideas supremas ni pensar como un varón", debía someterse a la voluntad del padre y después del marido, y si era soltera y huérfana, pues del hermano, y si enviudaba, dependía de su hijo.
El hombre era el único que podía iniciar una relación amorosa. Él elegía a una chica que le gustara. No había necesidad de conocer sus modos, pues su conducta se esperaba que fuera igual a las demás chicas, sumisas y dispuestas a cumplir la voluntad del varón. una vez, elegida, se le cortejaba. Se le "domaba" como a un animal para que le perteneciera. Obviamente, el hombre tenía que hacerla sentir bien para que no lo odiara y deseara no desposarlo, cosa que realmente a pocos hombres les importaba, los padres pactaban el matrimonio desde antes.
Las mujeres no tenían muchas elecciones ni opciones. Esos eran los caballeros. Los que pagaban todo, pero porque las mujeres no trabajaban, los que abrían puertas pero porque las mujeres eran tan "débiles" que no podían, los que las cargaban, pero porque el vestuario de las doncellas hacía imposible muchos movimientos, los que las mantenían y dirigían, pero porque las mujeres no eran consideradas capaces de tener ideas propias o válidas.
Entonces, volviendo a la actualidad, si una mujer espera ser tratada como dama por un caballero, debería ser consciente de que al permitir ser tratada así, está mandando una señal de que desea ser sometida por un caballero andante. Esto apocas mujeres les agrada hoy en día.
El caso extremo es que los hombres de hoy deseen ser tratados como aquellas damas, esos son los princesos. Tampoco hay que ser extremistas. Está bien y debería aceptarse que una mujer tenga actitudes gentiles con un hombre, cuando los dos estén de acuerdo. Nadie debería obligar a nadie.
Es por estas contrariedades que a muchas "princesas" y "princesos" les cuesta entablar una relación. Porque esperan cosas que ya no aplican. Los principes están extendiéndose porque se han dado cuenta de la injusticia y el absurdo de las expectativas de algunas personas que quieren una vida de personaje de cuento pero siendo quien lo escribe a la vez. He ahí la paradójica imposibilidad.
Es por estas contrariedades que a muchas "princesas" y "princesos" les cuesta entablar una relación. Porque esperan cosas que ya no aplican. Los principes están extendiéndose porque se han dado cuenta de la injusticia y el absurdo de las expectativas de algunas personas que quieren una vida de personaje de cuento pero siendo quien lo escribe a la vez. He ahí la paradójica imposibilidad.
Seamos justos en todos los sentidos y mejor aun, coherentes con lo que pensamos y esperamos. Tratemos como queramos ser tratados a todos. Independientemente de su sexo.
Concluyo reiterando que no estoy en contra de los actos amables y corteses. ¡Al contrario!, los promuevo, pero como actos llenos de amor y amabilidad que nazcan desde adentro por cualquier humano. No importa si es hombre o mujer.
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