lunes, 30 de septiembre de 2013

La comida más rica del mundo; así como ésta, todo lo demás.



No estoy seguro si sea cierto, pero he escuchado de algunos supuestos concursos para saber cuál es la cocina más rica del mundo. En mi país, México, he escuchado que la cocina mexicana es la mejor por su variedad de sabores. Sin embargo, un amigo Italiano que vino de paseo un mes por el sur de mi país, dijo que la comida mexicana se le hacía muy repetitiva y sin variedad; que por eso, todo el mundo sabía que la cocina italiana era la mejor. Algunas otras ocasiones, he oído de personas también extranjeras (y aquí es donde empiezo a notar ciertas “casualidades”), que la mejor cocina es la francesa. Que ésta es la base para todas las demás cocinas del mundo. Un amigo bien fresa, asegura que no ha probado nada mejor que la comida griega y turca. Y también he sabido de quienes afirman que no hay comparación alguna con la cocina asiática como la japonesa o la tailandesa.

Entonces, ¿Cuál es la comida más rica del mundo? Para mí, aunque he probado platillos deliciosos muy variados, la comida que más me pone contento son las entomatadas, (tortillas de maíz enrolladas, rellenas de queso panela, y bañadas en una salsa de tomate, cebolla y ajo; y un poco de más queso espolvoreado encima).

Pero si para mí, las entomatadas son lo que más deleite le da a mis sentidos, y, por ende me pone muy dichoso mientras las disfruto, ¿cómo viene alguien a decirme que la mejor comida es otra? He llegado a una conclusión personal: la comida más rica del mundo no es una opinión generalizada, es siempre algo personal.
Es como para algunas personas la mamá, el papá o los hijos propios son los mejores del mundo. Conozco muy poca gente (y creo que bromeaban) que estaría dispuesta a cambiar a sus hijos por otros que consideran más bonitos, más educados o más inteligentes que los suyos.

Todos los seres humanos, por más miserable que sea la condición en la que se encuentren, tienen la capacidad para ser felices aunque sea con los más mínimos detalles. Las primeras sensaciones de felicidad de acuerdo a algunos psicólogos, son las que cubren las necesidades básicas fisiológicas como respirar, comer y beber. También ayuda si el contexto en el que se llevan a cabo estas condiciones provee tranquilidad y seguridad. La comida es parte fundamental de los seres humanos, es tan común y placentera que es frecuente que tenga siempre un lugar en momentos importantes de las personas.

Los seres humanos van moldeando su forma de ser de acuerdo al entorno en el que se encuentren. Todo lo que suceda en la vida de una persona desde su infancia será almacenado en su cerebro. Todo se acumulará en la cabeza y llegará ahí a través de los sentidos. Entonces, si un infante está comiendo cualquier comida y se encuentra en un contexto demasiado agradable porque satisface todas sus necesidades básicas, y además está en un entorno tranquilo, seguro, cómodo, limpio, y lo rodean personas también satisfechas, esa información será integrada como parte de esa vivencia. Su cerebro que se encuentra estimulado con un contexto feliz, libera endorfinas para distribuir este bienestar por todo el cuerpo. Los seres humanos vinculan todo. Así, la comida que se disfrutaba en un contexto tan agradable, será vinculada como algo positivo. Si este infante repite ese platillo en el mismo ambiente, cada vez que pruebe esa comida en el futuro le remitirá a ese estado de felicidad.

Puede ser que haya sido lo contrario, y que un infante no tuvo momentos así de placenteros cuando se alimentaba. Que sus momentos de placer con la comida fueron después. No importa la edad de la persona cuando empieza a tener momentos dichosos mientras disfruta un alimento, siempre ese momento quedará grabado. Es más, puede ser un niño que sólo comía una pieza de pan de trigo mientras su familia refugiada se protegía en medio de una guerra. Si el niño, con su capacidad para ser feliz en medio de cualquier circunstancia, ve este momento como positivo porque está con su familia a fin de cuentas, cada vez que coma una pieza de pan de trigo recordará con nostalgia ese momento “feliz” de su infancia, por el nexo establecido en esos tiempos.

Es posible que una persona eduque su paladar para diferenciar diversos sabores, como la gente que se dedica a la gastronomía o que tiene que ver con la comida. Esta gente tiene un poco más de posibilidades de apreciar muchos sabores. Sin embargo, es muy difícil desvincular los sabores que lo hicieron feliz desde antaño con otros nuevos. Así, cada persona, al momento de probar un alimento y catalogarlo de rico o no, es influida, en cierta medida por aquellos sabores que se quedaron grabados en sus momentos felices.

Se afirma que los seres humanos crean estructuras desde temprana edad. Tales estructuras, una vez creadas y reafirmadas en la adolescencia y edad adulta temprana, son difíciles de destruir o reconstruir. De acuerdo a psicólogos como H. Gardner, una vez que un adulto mayor tiene fijas sus estructuras en cuanto a lo que es bello, verdadero o bueno, difícilmente aceptará algo nuevo. Por eso, la gente mayor responde menos positivamente a la moda, música, artes plásticas, entre otras cosas modernas, y prefiere las que le eran comunes en el período de su crecimiento y formación.

Así que, si un chef famoso o gastrónomo de renombre opina que una comida es más rica que otra, mi pregunta es ¿cuánto influye su propia historia personal con respecto a la comida en la evaluación que realiza? ¿Cuánto influye la opinión de otros chef de renombre en su propia opinión? Como paladares educados, es posible que distingan pequeñas sutilezas de sabores, pero aún así, es muy poco probable que se desvinculen sus vivencias con sus gustos e inclinaciones.


Entonces, creo que así como en la comida, la opinión verdadera de qué es lo más rico del mundo, es la propia. 



viernes, 27 de septiembre de 2013

Absurdos modernos: La Corbata, símbolo de esclavitud

El fin de semana fui de saco y corbata a una boda. No tardé ni media hora bailando cuando me quité la corbata por la sofocación que me hacía sentir. Otro día, en el templo al que ocasionalmente voy, escuché que era obligatorio para los chicos que cantaban usar corbata. Hace mucho tiempo supe que había restaurantes en lo que no se permite la entrada a hombres sin corbata. Y ni hablar de eventos de gala donde van las personas “importantes”.

Lo anterior me llevó a preguntarme: ¿Para qué sirve la corbata? Sin duda, hace mucho me respondí tácitamente que servía para poder estar, sin que nadie te mirara feo, en las situaciones anteriores.

Pero, realmente, ahora me respondo que: ¡LA CORBATA NO SIRVE PARA NADA! Ni siquiera es un accesorio útil. No conozco a nadie que use una corbata porque le guste la sensación. Nadie usa una corbata (como debe usarse, verdad. Es decir, ajustada al cuello) cuando está en casa o cuando va al cine con sus amigos como usaría una pulsera o un collar. Otros accesorios realzan o esconden alguna parte del cuerpo, otros tienen un significado como los anillos, otros sólo son de adorno pero no estorban ni causan molestias como las pulseras. Pero las corbatas no aportan nada bueno. Una corbata no hace que un cuello se vea más largo o estilizado; no tiene ningún significado, a menos de que diga una frase o tenga un sello distintivo de una empresa, no tapa una barriga prominente, ni da más volumen a los vientres sumidos; realza la papada (la piel colgante debajo de la mandíbula); cusa calor, comezón o picazón cuando roza con la parte baja de la barba, que es muy sensible; y, sobre todo, estorba horrores.

Por ejemplo, cuando uno va al baño la corbata es el peor de los accesorios. Si se va a hacer pipí, la corbata tiene que echarse hacia la espalda para que no estorbe y termine orinada. Se tiene que echar hacia atrás a fuerzas cuando alguien con corbata va al baño a hacer algo más y tiene que sentarse sobre la taza, si no, la corbata termina dentro del inodoro y ni hablar de los detalles. Estorba para deglutir agua o comida, para agachar sólo la cabeza para leer o simplemente para ver algo hacia abajo, para voltear hacia algún lado o hacia el otro. Usar una corbata no es la comodidad por excelencia y punto.

Entonces, ¿por qué hay que usar una corbata? ¿Acaso porque es elegante? ¿De dónde viene la idea de que es elegante? ¿Qué tanto influye la moda en nosotros para determinar que un hombre (o mujer) es elegante por una corbata? ¿No es posible ser elegante de otra manera que no sea usando una corbata? El asunto de la moda es algo que cada quien asimila como se le antoje, pero llevarlo al extremo de ser necesario para ciertos trabajo, puestos representativos o acceso a ciertos lugares como restaurantes o eventos, es una opresión. Es como un yugo simbólico (pero muy explícito, también). Es una manera de mostrar esclavitud. Al hacerlo necesario u obligatorio ya no hay lugar al albedrío o a los gustos personales. Con la corbata no aplica el dicho: “de la moda, lo que te acomoda”.

La corbata es un accesorio que da distinción. Ahí no tengo argumentos en contra, por supuesto que distingue, pero sólo distingue a alguien que usa de quien no usa corbata. Es todo. Es como la moda inglesa o francesa del siglo XVIII de las pelucas. Sólo porque el Rey Sol, Luis XIV , usaba una para ocultar su calvicie y todos debía imitar al rey, se popularizó a tal grado que incluso hoy en día, en las cortes inglesas, los jueces las siguen usando. “¿Pa’ qué?”.

La corbata además de ser inútil para quien la lleva puesta y estorbosa, puede ser peligrosa. Es un arma potencial para los demás, en este sentido, sí es útil, pero para quien quiera estrangular a un hombre con corbata (o mujer, porque hay algunas que las usan). Literalmente es una soga al cuello. Basta que tomes, hales fuerte y que no sueltes a alguien con corbata para que lo asfixies. En cierto modo, además de símbolo de esclavitud es un método potencialmente mortal. Se me ocurre, incluso, que llega a ser atractivo para algunas mujeres porque subconscientemente es una manera de saber que pueden matar a un hombre. Sí, puede ser que una mujer que sufrió por un hombre en su niñez, sienta que una corbata es una manera en la que puede tener la vida de un hombre en el cual proyecta su odio o frustración. Con sufrir por un hombre, me refiero a cualquier tipo de sufrimiento, no necesariamente que el hombre la haya agredido físicamente. Tal vez, la mujer sufrió por el amor de un hombre al que nunca tuvo, pudo haber sido su padre, tío, profesor, amigo, etc. De manera subconsciente, nunca obtuvo su corazón y ahora, una corbata es una proyección mental que le indica que, si quiere, puede tener la vida de ese hombre. Suena muy loco, pero se me ocurre que para alguien pueda ser cierto.

Ahora, ¿por qué se exige la corbata en ciertos lugares? ¿Acaso una corbata otorga honestidad, bondad, confiabilidad, honor y bondad a quien la usa? Esos son atributos que también tienen las personas que no usan corbata en lugares opuestos de servicios públicos, como las mujeres. Entonces, ¿por qué sentirse ofendido si un hombre en algún puesto de servicio al público no usa una corbata? ¿Ofende que no lleve puesto su símbolo de esclavitud o el arma con la que se sabe, puede matarlo? La verdad, no encuentro ninguna razón lógica para que se use una corbata. Su uso debería ser solamente si la persona quiere llevarla. Jamás algo obligado. Pero bien, sé que muchas personas obedecen a ciertas convenciones sociales absurdas y pasajeras, como las pelucas blancas del siglo XVIII y el uso de las corbatas.

Una corbata, luego entonces, si se quiere usar como accesorio, debería ser opcional de quien decida llevarla. Nunca como algo forzoso ni obligatorio. 

domingo, 22 de septiembre de 2013

El secreto de la felicidad



Estaba tomando un café muy delicioso cuando se me acerca un amigo y me pregunta. _ “Edgar, ¿eres feliz?” Su pregunta me dejó pensando en una respuesta concisa y satisfactoria. Concisa, porque me he dado cuenta de que muchas veces las personas hacen preguntas esperando escuchar una respuesta corta y de acuerdo a sus percepciones. Mis respuestas no suelen ser así y noto con un dejo de frustración que a la mitad de mi discurso explicativo, las personas pierden el interés. ¿Para qué me preguntan algo así de profundo, entonces? Bueno, en fin, sabiendo que tengo poco tiempo para expresar mi opinión, busco las palabras precisas que la resuman para que sea a la vez, satisfactoria, es decir, que a pesar de utilizar pocas palabras logre explicar de manera general lo que pienso al respecto.

Mi respuesta fue: _”Sí, pero más que feliz, estoy contento”. Pensé que de esta manera, por lo menos no iniciaba con una negación pero tampoco era del todo condescendiente y se abría la posibilidad a un intercambio de opiniones.

Considero que la felicidad es inalcanzable como un estado de ánimo permanente. Para mí la felicidad se deja sentir suavemente por períodos cortos de tiempo a lo largo de la vida. Se puede experimentar una sombra de la felicidad en determinados momentos, pero no como un estado permanente. Lo más parecido a lo que llamo felicidad es el contentamiento.

La felicidad, como lo expliqué en otra entrada al blog, es como un perro persiguiendo su propia cola. Es ese deseo del ser humano por seguir vivo. El estado eterno de felicidad es lo que nos hace seguir haciendo cosas y seguir caminando hacia el tiempo. Pareciera que por momentos la alcanzamos pero entonces, se aleja y seguimos en pos de ella. Tal vez, nadie lo sabe, pero puede ser que la felicidad sea alcanzada después de la muerte.

Entonces, decía, lo más parecido es el contentamiento. El contentamiento sería ese estado en el que uno se siente en paz consigo mismo y con lo demás alrededor. Paz y contentamiento se entrelazan. Paz, es no tener miedo o ansiedad por que algo peligroso o maligno que se acerque. Un delincuente o alguien que haya trasgredido el derecho y el espacio vital de otra persona, difícilmente  puede tener paz y por lo tanto, será difícil que tenga contentamiento.
Sería imposible tener contentamiento también si se vive en armonía con el prójimo pero se vive en líos con uno mismo. Hay personas que no hacen daño a los demás, pero con sus pensamientos se dañan a sí mismos. Los pensamientos autodestructivos son los que tiene una persona que la hacen sentirse menos, poco valiosa, inútil, fea, despreciable, etc. No puede tener paz porque vive comparándose con otros a quienes admira y no logra parecerse. Hay una guerra interna entre lo que esa persona es y no quiere ser. Hasta que comprenda que es única, especial, valiosa y útil para los demás, por ser quien y como es, podrá tener paz y disfrutar entonces del contentamiento, que repito, sería lo más cercano a esa idea de la felicidad permanente.

En una ocasión, mientras estudiaba para ser profesor, una maestra contó un cuento que se me quedó grabado y me permitió comprender un concepto que me ha servido en momentos en los que no siento contentamiento:

“Era una vez, un príncipe que salió en búsqueda de la felicidad. Quería que, cuando fuera rey, todas las personas del reino fueran felices.

Abandonó su comodidad y fue a muchos países remotos. Preguntó a sabios, monjes, gurús, políticos y magos, pero cada uno le daba una opinión que no satisfacía el príncipe. Unos le dijeron que la felicidad estaba en el conocimiento, que mientras más sabiduría y ciencia tuviera un hombre, más feliz sería; otros le compartieron que la felicidad estaba en su relación con Dios o con el universo, que alcanzaría la felicidad mientras más se dedicara a la contemplación, a la meditación y a una vida austera y religiosa; otros dijeron que la felicidad se encontraba en la riqueza y en el poder, que mientras más control tuviera sobre los súbditos, más feliz sería; otros le enseñaron que la felicidad estaba en dominar los elementos de la naturaleza, que sería muy feliz cuando pudiera someter a su voluntad las esencias creadoras del cosmos. Todos estos consejo le parecía útiles y razonables, pero en el fondo no le convencían.

Cansado de tanto buscar, decidió regresar a su hogar y en su camino se adentró por un bosque muy denso. Mientras pasaba por los grandes árboles, vio unos destellos de muchos colores. Los siguió y al ver que los destellos se hacían más intensos como luces de muchos colores se detuvo y pudo distinguir una mariposa muy grande y hermosa. Se quedó contemplando cada unos de las luces multicolores de las alas de la mariposa por un tiempo hasta que la mariposa le habló. _Veo que estás necesitado de algo. Puedo concederte un solo deseo, el que tú quieras_ .

El príncipe no daba crédito a lo que sucedía pero dijo: _Mi único deseo es saber el secreto de la felicidad para que pueda reinar un día con justicia y mi reino sea dichoso_.
_Lo que pides es muy sencillo_ Contestó la mariposa. _ El secreto de la felicidad es comprender que todos les sirven a todos.

Y dicho eso, la mariposa desapareció.” Fin.

La maestra terminó el cuento así, abruptamente, y dejó espacio para los comentarios.

Creo que cuando comprendemos que cada uno es útil para los demás, uno adquiere un valor. El valor de saber que uno es importante. También le damos a los demás su propio valor porque cada quien aporta algo único a los demás. ¿Qué es? Cada quien debe reflexionar sobre cuál es o son sus talentos para el servicio a los demás. Hay personas que pasan sus vidas haciendo un trabajo que no les satisface porque no ponen en práctica su talento especial.

El talento especial es lo que uno hace bien, le complace y es útil para sí mismo y para los demás. Dios nos ha dado por lo menos un don a cada quien. Hay que descubrirlo. Ese es un deber personal.

El comprender que todos les  sirven a todos, permite respetarse uno mismo y aún más difícil, a veces, permite vivir respetando a cada individuo porque es beneficioso.
Y, como dijo el benemérito de las América, Don Benito Juárez García: “_Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz_”.

Y como la paz y el contentamiento están relacionados, aplica. Y como el contentamiento es lo más parecido a la felicidad permanente, el cuento de la mariposa también aplica. 





miércoles, 11 de septiembre de 2013

El destino y/o la casualidad de ser felices

La premisa número uno de los seres humanos con deseos de seguir vivos, claro, porque siempre hay los que desean pasar a "mejor vida", es ser felices. (Para evitar aclaraciones posteriores hablaré sólo de los que desean seguir viviendo).

Todo lo que hacemos desde que nacemos está dirigido para obtener placer. Los bebés lloran para saciar sus necesidades básicas y al cumplirlas el cerebro produce endorfinas, que son las hormonas que hacen sentir felicidad. 

Estas necesidades básicas perduran toda la vida, pero van saliendo otras, como las necesidades de la famosa pirámide de Maslow: las de seguridad, afiliación, reconocimiento y autorealización. Pero estas necesidades se describen muy generales y de cierta manera son controlables; pero el ser humano es mucho más complejo y hay situaciones externas que no se pueden controlar.

Para los acontecimientos que simplemente ocurren sin importar la voluntad humana, los hombres (palabra genérica que en español se usa para designar a los seres humanos de ambos sexos y la cual empleo por mera regla gramatical, sin ningún fin sexista... En otra publicación hablo de esto) han creado un mundo de explicaciones para, de nuevo, hallarle el modo a la obtención de la felicidad.

Así pues, si a una persona no le salen las cosas como se las esperaba, puede ser en una tarea del colegio, en un trabajo, en una relación de amistad, de noviazgo o cualquiera otra filiación sentimental, en una situación económica, mercantil, política, etc., etc., crea pensamientos que lo distraigan de la situación problemática o compleja como: "No hay mal que por bien por venga", "De todo se aprende", "Lo que no nos mata, nos hace más fuertes" y, si la persona es cristiana: "Todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios..." (Romanos 8:28).

Si la tragedia es una que no tiene remedio o explicación el hombre ha creado frases  como: "Todo pasa por una razón", "El tiempo lo cura todo", "Los caminos de Dios son misteriosos", y más. Cada idioma y cada cultura tiene sus propias frases, como si al repetirlas o decirlas en voz alta se negara la realidad: ¡Que nos está llevando la chingada!

Eso es, al ser humano le da miedo aceptar que en ese momento le está yendo del demonio y quiere adelantarse a la parte bonita que le sigue. Anhela seguir en pos de la felicidad. Pero la verdad es que la felicidad nunca se alcanza mientras se esté vivo, después, nadie lo sabe. Por lo pronto, lo único que se puede hacer es tener contentamiento, es decir, aceptar con satisfacción y resignación lo que se vive hoy como es. Para eso, el hombre ya tiene experiencia y callo mientras más tiempo tenga en el camino del vivir. Puede ser bueno o puede ser malo, pero la verdad es que las circunstancias son como uno las quiera percibir.

Aunque cada ser pensante ya debería saber que la vida es cíclica, o sea que todo pasa y, que en algún tiempo se está bien y en otro no tan bien, se tiende a exagerar todo porque, hay que aceptarlo, nos encanta el drama.

Hace tiempo leí una historia en un librito de una autora llamada Mabel Katz que parafraseo de la siguiente manera:

"Había una vez un viejo que vivía en un reino y tenía un hermoso caballo. El rey, que andaba paseando por la aldea, al ver al animal lo quiso comprar pero el anciano se negó. Todo el pueblo decía que era un tonto, que con el dinero que el rey le daría podría salir de pobre. Al día siguiente el caballo había escapado, el anciano había olvidado cerrar la puerta del establo. Todo el pueblo se lamentaba diciendo que era una terrible tragedia porque se había perdido tan hermoso animal que el rey había querido comprar. El anciano respondió que no exageraran y que sólo se limitaran a decir que el caballo había escapado, que no se sabía lo que podría pasar después.

Al otro día, las personas del pueblo despiertan y descubren que no sólo el caballo había regresado, sino que había traído con sí otro cuatro hermosos ejemplares. El pueblo le dijo al viejo que tenía razón y que lo que había ocurrido era una gran fortuna. A lo que el hombre respondió que como siempre exageraban, que sólo consideraran que el caballo había vuelto con otros y que no podía asegurarse que fuera la mayor de las bendiciones.

El único hijo del anciano, viendo que los cuatro animales eran salvajes, trató de domar a uno, pero al intentar montarlo se cayó y se rompió las piernas quedando discapacitado para siempre. El pueblo creyó que ahora el viejo tenía razón diciendo que la llegada de los animales había sido en realidad una gran desgracia. El anciano les respondió con cólera una vez más pidiéndoles que se contuvieran en decir que esto era una gran desgracia.

Pronto, el reino entró en guerra y se enviaron a todos los varones jóvenes del pueblo. Obviamente, el hijo del anciano, al ser tullido no fue mandado al combate. El pueblo reconoció su error y dijeron que el hombre era un sabio, que efectivamente, para él era una fortuna que su hijo no pudiera caminar, de esa forma se salvaría de una muerta segura como el resto de los hijos del pueblo... El anciano, volvió a reprenderlos una vez más".

Como podemos ver, todo pasa. Lo bueno pasa y lo malo pasa. Cada uno vive ambas experiencias a lo largo de la vida.

Esto ha llevado a crear el concepto de destino o casualidad. Hay quienes piensan que todo está escrito y que realmente no hay albedrío, otros piensan que todo se va escribiendo conforme uno vaya tomando decisiones. La verdad, nadie lo sabe por certeza.

Es cierto que hay acontecimientos que parecieran que suceden porque uno los desea fuertemente. Por ejemplo, si uno piensa mucho en una persona especial y al poco tiempo se le encuentra, pareciera una gran casualidad o deseo cumplido.  Pero hay otras veces en las que se piensa lo mismo y la persona no aparece. Así es con todo. Podría ser que sólo ocurre lo que tiene qué ocurrir por el destino. Nadie lo puede asegurar con pruebas.

Sea casualidad o sea destino, la felicidad la concibo como un perro persiguiendo su propia cola. Parece que ya está a un paso pero se aleja siempre. Por eso existe la frase que dice que la felicidad está en el camino no en el destino y, esto depende de cómo se quiera percibir este camino llamado vida.

Hay sucesos mientras se viva. Punto. No se puede negar el hecho de que haya acontecimientos, al fin y al cabo la vida es una serie de ellos. Que éstos sean problemas o fortunas, cada quien lo decide. Cada quien tiene dos ojos (bueno, excepto los tuertos, pero es un decir), uno representa la posibilidad de ver todo bueno y el otro de ver todo malo. Cada quien decide qué ojo abrir para ver cada acontecimiento.




Roles desabridos

Existe en la opinión colectiva de algunas sociedades la idea de que los hombres y las mujeres deben tener roles diferenciados y definidos. Se ha hecho uso de recursos históricos, biológicos y teológicos para fundamentar esa opinión. Sin embargo, no hay razones suficientes  para decir quién debe hacer qué en este mundo.

Claro, la ley establece comportamientos adecuados para el bienestar social, y nadie debe estar encima de la ley. Quiero decir que nadie debe decidir por otros qué hacer siempre y cuando no se dañe el derecho ajeno y la regla de oro: Trata a los demás como querrías que te trataran a ti".

Las razones históricas, en vez de validar el pensamiento sexista de los roles sociales, demuestra que éstos han cambiado de cultura en cultura a través del tiempo. En una época y sociedad,  la mujer era la encargada de dirigir a la familia, en otra, el hombre era usado solamente para procrear; en muchas, la mujer ha sido menospreciada e infravalorada creando un machismo que se ha mantenido. Ni el machismo ni el feminismo son correctos porque cada persona es diferente y especial, independientemente de su sexo. Cada cultura establece en un tiempo determinado de su propia historia qué rol debe ejercer cada género.

Hay quienes afirman que los hombres son más fuertes físicamente que las mujeres. Bueno, conozco mujeres más fuertes y con más músculos que algunos hombres. Hay quienes dicen que las hormonas hacen que las mujeres sean más sensibles y emotivas. Bien, conozco hombres que son más sensibles y emotivos que muchas mujeres. Hay quienes dicen que los hombres tienen unas habilidades que las mujeres carecen, como el sentido de la orientación, por ejemplo. Sin embargo, conozco hombres que no ubican ni su propia casa en su ciudad y mujeres que serías excelentes cartógrafas. También, está la idea de que las mujeres se pueden concentrar en múltiples actividades a diferencias de los hombres, que sólo pueden hacerlo en una sola. No hay evidencia científica al respecto y la poca que hay establece que tanto hombres como mujeres no pueden poner la misma atención a diferentes cosas y que sólo pueden concentrarse adecuadamente en una actividad. ¡Nada de hablar y manejar al mismo tiempo sin importar el género! Estos argumentos que pasan como “biológicos” o “naturales” no están sustentados.

De nuevo la cultura y la educación juegan un rol importante. A los niños varones se les trata de inculcar, en la mayoría de las sociedades contemporáneas, que son fuertes, que no lloran, que son valientes, que deben ser rudos y realizar los trabajos “de hombre” designados según el lugar geográfico donde se encuentren. A las niñas se les educa para desarrollar su “instinto maternal” y les enseñan que está bien llorar (en muchos casos se permite que el llanto sea una manera de chantaje), que sea condescendiente y habilidosa para las tareas domésticas que existen en su cultura o en la cultura de la provengan sus padres.

Así, a los niños se les educa para que repriman sus sentimientos sensibles y comportamiento introvertido o tímido, así como algunas habilidades consideradas “no aptas” para los varones y lo mismo ocurre con las niñas que son más rudas o desenvueltas, se les enseña a ser más bien sumisas y retraídas.

Los medios de comunicación, las telenovelas, las películas, los cuentos, etcétera, fomentan esta visión de un mundo sexista.

En cuanto a la visión teológica ni hablar. La mayoría de las religiones con dogmas establecidos tienen roles definidos para el género de las personas.

Como creyente del cristianismo, conozco en algo la Biblia, el libro sagrado para los cristianos. Sé que el Nuevo Testamento (la parte bíblica donde se narran los hechos a partir de Jesucristo), Jesús no enseñó nada acerca de roles. En la religión judía, a la cual Cristo era adepto, se enseñaba que la mujer era inferior al hombre. Sin embargo, Jesús rompió muchos de esos esquemas y consideró iguales a hombres y mujeres. El Apóstol Pablo lo confirmó diciendo en Gálatas 3:28 "No hay judío ni griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra; porque todos sois uno en Cristo Jesús". Pero, como estas cosas se determinan por el contexto histórico, y, en ese entonces, ese contexto era machista, al parecer nadie le hizo mucho caso.

Aunque yo establezco que el verdadero cristianismo no es sexista, hay muchos que afirman lo contrario porque el Antiguo Testamento, sobretodo el Pentateuco (la parte de la Biblia que comparten los credos judíos, musulmanes y cristianos) es increíblemente machista. Por todos lados hay textos que denigran la calidad humana de la mujer y, basados en esto, algunos cristianos, tristemente, hacen a un lado las enseñanzas de Cristo para argumentar con la ley judía la sumisión femenina.


Pero hasta por lógica, si se establece que Dios creó al hombre y a la mujer, y se comprueba por la experiencia que la mujer y el hombre son igual de capaces para hacer cualquier tarea, ¿por qué decir que no es así basados en textos que deben ser entendidos sólo en el contexto cultural e históricos en el que fueron concebidos? La única respuesta que se me ocurre es que es debido a un machismo bien arraigado con pintas de “piedad”.

Así que, confirmo mi opinión de que las diferencias en cuanto a roles masculinos y femeninos son una cuestión meramente cultural. Esos roles son determinados por el lugar geográfico y el tiempo histórico al que una sociedad pertenezca. En sociedad multicultural de hoy en día, los roles de género deberían ser por acuerdo y convicción personal.

Tanto un hombre y una mujer deben tener libertad de elegir las actividades que deseen y que los hagan seres dichosos y satisfechos, desarrollando al máximo su potencial como seres humanos con capacidades únicas y talentos especiales para enriquecer sus propias vidas y a la sociedad a la que pertenecen.

martes, 10 de septiembre de 2013

Princesas, príncipes y princesos

Muchas personas esperan por su pareja ideal. Pero nunca llega porque la pareja ideal no existe.

Tristemente algunas mujeres y pocos hombres viven en un mundo de cuentos de princesas bondadosas y príncipes caballeros. Ese es un mundo que despareció hace mucho tiempo. Sin embargo, en este siglo XXI, aún hay algunas reminiscencias ilusas de aquellas épocas... o más bien, aquellos cuentos.

La liberación femenina tiene mucha relevancia en esto. La liberación femenina es un paso a la igualdad de sexos, si es que no se pasa de la raya y termina siendo un feminismo. 

Los hombres y las mujeres deberían distinguirse únicamente por las diferencias genitales, y algunas físicas (pocas e irrelevantes), ni más ni menos.

Las mujeres de actualidad, a diferencia de años atrás en el mundo occidental, trabajan horarios iguales a los de los hombres, ejercen roles que antes se pensaban que eran estrictamente masculinos, visten como desean, incluso de pantalón, tenis y gorra; se cortan el pelo a ras, se maquillan si quieren, leen, van al cine, viajan, dicen y piensas lo que desean, votan, etc. No hay leyes que regulen más este tipo de actividades. Incluso, socialmente, se ven como cosas normales para las mujeres de la actualidad, si no las hacen es porque no quieren. A pesar de que aún exista el machismo en algunas comunidades, la libertad se impone.

Pero es entonces cuando surge un problema para las mujeres y para los hombres: la dificultad de encontrar una pareja. Hombres y mujeres han aceptado estos "ajustes" a los roles, pero hay otros que se resisten. Me refiero a la dichosa "caballerosidad".

Muchas féminas actuales con todas las libertades que gozan, todavía esperan que su pareja sea un caballero, así como esos de los cuentos medievales. Esperan (y si no, aun piensan que sería ideal) que el hombre las corteje, ¿cómo? igual que los caballeros andantes de antaño. Que les hablen, que las inviten, que les paguen, que les abran la puerta, que las carguen, que les traigan, que las lleven, que les resuelvan los problemas, que mantengan la casa y la familia, si están casados, que las defiendan, que tengan detalles públicos de su amor, etcétera, etcétera. 

Sé que algunas mujeres no quieren estas cosas, pero realmente, aún las más liberales, sueñan con un hombre que las trate así.

Ningunas de las acciones mencionadas están mal, pero son tan válidas tanto de un hombre para una mujer como de una mujer para un hombre. O, inclusive, de un hombre para otro hombre o de una mujer para otra mujer. Todas las acciones buenas deben ser buenas para todos los seres humanos sin importar el género.

El problema está en que si una mujer espera todos esos actos caballerosos, está mandando una señal errónea a su pareja si es que ella no está dispuesta a ser una pareja sumisa y abnegada. No se pueden tener sólo beneficios sin obligaciones.

En los tiempos antiguos, en la cultura de occidente, la mujer era considerada inferior al hombre. Es muchas sociedades, ni siquiera era considerada como un ciudadano y no tenía voz ni voto en las decisiones de la comunidad. Es más, ni era contada en los censos. Era un ser marginado que no podía (por las ideas de entonces) trabajar, estudiar o hacer actividades igualitarias a aquellas permitidas a los varones.

Por consiguiente su existencia y estatus dependían del hombre que se hiciera cargo de ella. Como era un ser que "ni podía tener ideas supremas ni pensar como un varón", debía someterse a la voluntad del padre y después del marido, y si era soltera y huérfana, pues del hermano, y si enviudaba, dependía de su hijo. 

El hombre era el único que podía iniciar una relación amorosa. Él elegía a una chica que le gustara. No había necesidad de conocer sus modos, pues su conducta se esperaba que fuera igual a las demás chicas, sumisas y dispuestas a cumplir la voluntad del varón. una vez, elegida, se le cortejaba. Se le "domaba" como a un animal para que le perteneciera. Obviamente, el hombre tenía que hacerla sentir bien para que no lo odiara y deseara no desposarlo, cosa que realmente a pocos hombres les importaba, los padres pactaban el matrimonio desde antes. 

Las mujeres no tenían muchas elecciones ni opciones. Esos eran los caballeros. Los que pagaban todo, pero porque las mujeres no trabajaban, los que abrían puertas pero porque las mujeres eran tan "débiles" que no podían, los que las cargaban, pero porque el vestuario de las doncellas hacía imposible muchos movimientos, los que las mantenían y dirigían, pero porque las mujeres no eran consideradas capaces de tener ideas propias o válidas.

Entonces, volviendo a la actualidad, si una mujer espera ser tratada como dama por un caballero, debería ser consciente de que al permitir ser tratada así, está mandando una señal de que desea ser sometida por un caballero andante. Esto apocas mujeres les agrada hoy en día.

El caso extremo es que los hombres de hoy deseen ser tratados como aquellas damas, esos son los princesos. Tampoco hay que ser extremistas. Está bien y debería aceptarse que una mujer tenga actitudes gentiles con un hombre, cuando los dos estén de acuerdo. Nadie debería obligar a nadie.

Es por estas contrariedades que a muchas "princesas" y "princesos" les cuesta entablar una relación. Porque esperan cosas que ya no aplican. Los principes están extendiéndose porque se han dado cuenta de la injusticia y el absurdo de las expectativas de algunas personas que quieren una vida de personaje de cuento pero siendo quien lo escribe a la vez. He ahí la paradójica imposibilidad. 

Seamos justos en todos los sentidos y mejor aun, coherentes con lo que pensamos y esperamos. Tratemos como queramos ser tratados a todos. Independientemente de su sexo.

Concluyo reiterando que no estoy en contra de los actos amables y corteses. ¡Al contrario!, los promuevo, pero como actos llenos de amor y amabilidad que nazcan desde adentro por cualquier humano. No importa si es hombre o mujer.