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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Roles desabridos

Existe en la opinión colectiva de algunas sociedades la idea de que los hombres y las mujeres deben tener roles diferenciados y definidos. Se ha hecho uso de recursos históricos, biológicos y teológicos para fundamentar esa opinión. Sin embargo, no hay razones suficientes  para decir quién debe hacer qué en este mundo.

Claro, la ley establece comportamientos adecuados para el bienestar social, y nadie debe estar encima de la ley. Quiero decir que nadie debe decidir por otros qué hacer siempre y cuando no se dañe el derecho ajeno y la regla de oro: Trata a los demás como querrías que te trataran a ti".

Las razones históricas, en vez de validar el pensamiento sexista de los roles sociales, demuestra que éstos han cambiado de cultura en cultura a través del tiempo. En una época y sociedad,  la mujer era la encargada de dirigir a la familia, en otra, el hombre era usado solamente para procrear; en muchas, la mujer ha sido menospreciada e infravalorada creando un machismo que se ha mantenido. Ni el machismo ni el feminismo son correctos porque cada persona es diferente y especial, independientemente de su sexo. Cada cultura establece en un tiempo determinado de su propia historia qué rol debe ejercer cada género.

Hay quienes afirman que los hombres son más fuertes físicamente que las mujeres. Bueno, conozco mujeres más fuertes y con más músculos que algunos hombres. Hay quienes dicen que las hormonas hacen que las mujeres sean más sensibles y emotivas. Bien, conozco hombres que son más sensibles y emotivos que muchas mujeres. Hay quienes dicen que los hombres tienen unas habilidades que las mujeres carecen, como el sentido de la orientación, por ejemplo. Sin embargo, conozco hombres que no ubican ni su propia casa en su ciudad y mujeres que serías excelentes cartógrafas. También, está la idea de que las mujeres se pueden concentrar en múltiples actividades a diferencias de los hombres, que sólo pueden hacerlo en una sola. No hay evidencia científica al respecto y la poca que hay establece que tanto hombres como mujeres no pueden poner la misma atención a diferentes cosas y que sólo pueden concentrarse adecuadamente en una actividad. ¡Nada de hablar y manejar al mismo tiempo sin importar el género! Estos argumentos que pasan como “biológicos” o “naturales” no están sustentados.

De nuevo la cultura y la educación juegan un rol importante. A los niños varones se les trata de inculcar, en la mayoría de las sociedades contemporáneas, que son fuertes, que no lloran, que son valientes, que deben ser rudos y realizar los trabajos “de hombre” designados según el lugar geográfico donde se encuentren. A las niñas se les educa para desarrollar su “instinto maternal” y les enseñan que está bien llorar (en muchos casos se permite que el llanto sea una manera de chantaje), que sea condescendiente y habilidosa para las tareas domésticas que existen en su cultura o en la cultura de la provengan sus padres.

Así, a los niños se les educa para que repriman sus sentimientos sensibles y comportamiento introvertido o tímido, así como algunas habilidades consideradas “no aptas” para los varones y lo mismo ocurre con las niñas que son más rudas o desenvueltas, se les enseña a ser más bien sumisas y retraídas.

Los medios de comunicación, las telenovelas, las películas, los cuentos, etcétera, fomentan esta visión de un mundo sexista.

En cuanto a la visión teológica ni hablar. La mayoría de las religiones con dogmas establecidos tienen roles definidos para el género de las personas.

Como creyente del cristianismo, conozco en algo la Biblia, el libro sagrado para los cristianos. Sé que el Nuevo Testamento (la parte bíblica donde se narran los hechos a partir de Jesucristo), Jesús no enseñó nada acerca de roles. En la religión judía, a la cual Cristo era adepto, se enseñaba que la mujer era inferior al hombre. Sin embargo, Jesús rompió muchos de esos esquemas y consideró iguales a hombres y mujeres. El Apóstol Pablo lo confirmó diciendo en Gálatas 3:28 "No hay judío ni griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra; porque todos sois uno en Cristo Jesús". Pero, como estas cosas se determinan por el contexto histórico, y, en ese entonces, ese contexto era machista, al parecer nadie le hizo mucho caso.

Aunque yo establezco que el verdadero cristianismo no es sexista, hay muchos que afirman lo contrario porque el Antiguo Testamento, sobretodo el Pentateuco (la parte de la Biblia que comparten los credos judíos, musulmanes y cristianos) es increíblemente machista. Por todos lados hay textos que denigran la calidad humana de la mujer y, basados en esto, algunos cristianos, tristemente, hacen a un lado las enseñanzas de Cristo para argumentar con la ley judía la sumisión femenina.


Pero hasta por lógica, si se establece que Dios creó al hombre y a la mujer, y se comprueba por la experiencia que la mujer y el hombre son igual de capaces para hacer cualquier tarea, ¿por qué decir que no es así basados en textos que deben ser entendidos sólo en el contexto cultural e históricos en el que fueron concebidos? La única respuesta que se me ocurre es que es debido a un machismo bien arraigado con pintas de “piedad”.

Así que, confirmo mi opinión de que las diferencias en cuanto a roles masculinos y femeninos son una cuestión meramente cultural. Esos roles son determinados por el lugar geográfico y el tiempo histórico al que una sociedad pertenezca. En sociedad multicultural de hoy en día, los roles de género deberían ser por acuerdo y convicción personal.

Tanto un hombre y una mujer deben tener libertad de elegir las actividades que deseen y que los hagan seres dichosos y satisfechos, desarrollando al máximo su potencial como seres humanos con capacidades únicas y talentos especiales para enriquecer sus propias vidas y a la sociedad a la que pertenecen.

martes, 10 de septiembre de 2013

Princesas, príncipes y princesos

Muchas personas esperan por su pareja ideal. Pero nunca llega porque la pareja ideal no existe.

Tristemente algunas mujeres y pocos hombres viven en un mundo de cuentos de princesas bondadosas y príncipes caballeros. Ese es un mundo que despareció hace mucho tiempo. Sin embargo, en este siglo XXI, aún hay algunas reminiscencias ilusas de aquellas épocas... o más bien, aquellos cuentos.

La liberación femenina tiene mucha relevancia en esto. La liberación femenina es un paso a la igualdad de sexos, si es que no se pasa de la raya y termina siendo un feminismo. 

Los hombres y las mujeres deberían distinguirse únicamente por las diferencias genitales, y algunas físicas (pocas e irrelevantes), ni más ni menos.

Las mujeres de actualidad, a diferencia de años atrás en el mundo occidental, trabajan horarios iguales a los de los hombres, ejercen roles que antes se pensaban que eran estrictamente masculinos, visten como desean, incluso de pantalón, tenis y gorra; se cortan el pelo a ras, se maquillan si quieren, leen, van al cine, viajan, dicen y piensas lo que desean, votan, etc. No hay leyes que regulen más este tipo de actividades. Incluso, socialmente, se ven como cosas normales para las mujeres de la actualidad, si no las hacen es porque no quieren. A pesar de que aún exista el machismo en algunas comunidades, la libertad se impone.

Pero es entonces cuando surge un problema para las mujeres y para los hombres: la dificultad de encontrar una pareja. Hombres y mujeres han aceptado estos "ajustes" a los roles, pero hay otros que se resisten. Me refiero a la dichosa "caballerosidad".

Muchas féminas actuales con todas las libertades que gozan, todavía esperan que su pareja sea un caballero, así como esos de los cuentos medievales. Esperan (y si no, aun piensan que sería ideal) que el hombre las corteje, ¿cómo? igual que los caballeros andantes de antaño. Que les hablen, que las inviten, que les paguen, que les abran la puerta, que las carguen, que les traigan, que las lleven, que les resuelvan los problemas, que mantengan la casa y la familia, si están casados, que las defiendan, que tengan detalles públicos de su amor, etcétera, etcétera. 

Sé que algunas mujeres no quieren estas cosas, pero realmente, aún las más liberales, sueñan con un hombre que las trate así.

Ningunas de las acciones mencionadas están mal, pero son tan válidas tanto de un hombre para una mujer como de una mujer para un hombre. O, inclusive, de un hombre para otro hombre o de una mujer para otra mujer. Todas las acciones buenas deben ser buenas para todos los seres humanos sin importar el género.

El problema está en que si una mujer espera todos esos actos caballerosos, está mandando una señal errónea a su pareja si es que ella no está dispuesta a ser una pareja sumisa y abnegada. No se pueden tener sólo beneficios sin obligaciones.

En los tiempos antiguos, en la cultura de occidente, la mujer era considerada inferior al hombre. Es muchas sociedades, ni siquiera era considerada como un ciudadano y no tenía voz ni voto en las decisiones de la comunidad. Es más, ni era contada en los censos. Era un ser marginado que no podía (por las ideas de entonces) trabajar, estudiar o hacer actividades igualitarias a aquellas permitidas a los varones.

Por consiguiente su existencia y estatus dependían del hombre que se hiciera cargo de ella. Como era un ser que "ni podía tener ideas supremas ni pensar como un varón", debía someterse a la voluntad del padre y después del marido, y si era soltera y huérfana, pues del hermano, y si enviudaba, dependía de su hijo. 

El hombre era el único que podía iniciar una relación amorosa. Él elegía a una chica que le gustara. No había necesidad de conocer sus modos, pues su conducta se esperaba que fuera igual a las demás chicas, sumisas y dispuestas a cumplir la voluntad del varón. una vez, elegida, se le cortejaba. Se le "domaba" como a un animal para que le perteneciera. Obviamente, el hombre tenía que hacerla sentir bien para que no lo odiara y deseara no desposarlo, cosa que realmente a pocos hombres les importaba, los padres pactaban el matrimonio desde antes. 

Las mujeres no tenían muchas elecciones ni opciones. Esos eran los caballeros. Los que pagaban todo, pero porque las mujeres no trabajaban, los que abrían puertas pero porque las mujeres eran tan "débiles" que no podían, los que las cargaban, pero porque el vestuario de las doncellas hacía imposible muchos movimientos, los que las mantenían y dirigían, pero porque las mujeres no eran consideradas capaces de tener ideas propias o válidas.

Entonces, volviendo a la actualidad, si una mujer espera ser tratada como dama por un caballero, debería ser consciente de que al permitir ser tratada así, está mandando una señal de que desea ser sometida por un caballero andante. Esto apocas mujeres les agrada hoy en día.

El caso extremo es que los hombres de hoy deseen ser tratados como aquellas damas, esos son los princesos. Tampoco hay que ser extremistas. Está bien y debería aceptarse que una mujer tenga actitudes gentiles con un hombre, cuando los dos estén de acuerdo. Nadie debería obligar a nadie.

Es por estas contrariedades que a muchas "princesas" y "princesos" les cuesta entablar una relación. Porque esperan cosas que ya no aplican. Los principes están extendiéndose porque se han dado cuenta de la injusticia y el absurdo de las expectativas de algunas personas que quieren una vida de personaje de cuento pero siendo quien lo escribe a la vez. He ahí la paradójica imposibilidad. 

Seamos justos en todos los sentidos y mejor aun, coherentes con lo que pensamos y esperamos. Tratemos como queramos ser tratados a todos. Independientemente de su sexo.

Concluyo reiterando que no estoy en contra de los actos amables y corteses. ¡Al contrario!, los promuevo, pero como actos llenos de amor y amabilidad que nazcan desde adentro por cualquier humano. No importa si es hombre o mujer.

sábado, 28 de febrero de 2009

No tomes el camino de la religión, te aprisiona.

Todo comenzó cuando al finalizar de comer con Anna y Ricardo nos preguntamos si el nuevo color de la iglesia de San José sería ese anaranjado horroroso con el que la empezaron a pintar. Dejamos a Ricardo en el servicio social y Anna y yo nos tomamos a la vergonzosa tarea de ir a preguntarle a alguien si quedaría así.
Yo ya estaba maquinando improvisar un inusual acento italiano para evitar parecer idiotas...
Cuando le preguntamos a una garnachera ambulante nos dijo que podríamos encontrar al sacristán a la vuelta de la iglesia, en la primera puerta y así, preguntarle a él.
Y bueno, cuando vimos la puerta nos dirijimos ahí encontrando en su lugar las escaleras para subir al campanario y al techo de la iglesia.
Estábamos emocionadísisimos del nuevo descubriemiento. Un lugar donde no todos entran. Y subimos, subimos y subimos por un espiral oscuro y tenebroso ... al fin, salimos a la luz. ¡Oh, era el techo de la iglesia! Por lo que nos tomamos un montón de fotos. Hacía un viento que casi nos tumbaba pero era hermoso estar allá arriba.
Después, por otras escaleras, subimos hasta el campanario y... ¡más fotos!
Teníamos un chorro de miedo de que alguien nos viera desde abajo y nos llamara la atención, por eso dejamos la experiencia


religiosa de las alturas y decidimos bajar con los "mortales".
Y, cuidando de no pegarnos en la cabeza por las mismas escaleritas empinadas, buscamos el final del túnel oscuro.

Ahí, al final, donde esperabamos ver la entrada que nos había llevado a vivir la experiencia mistica en el corazón de Tlaxcala, encontramos solo unas rejas cerradas con un candado gigantesco.

Sopresa.
Momento de pánico.
Risa histérica.

No sabíamos que hacer y el simple hecho de imaginarme gritándole a alguien para que nos abriera me mataba de risa, porque me acordaba de cuando era un niño al que iban a regañar. Comencé a agitar la mano como chango enjaulado. Riéndome por no poder hacer nada, empecé a gritarle a la gente que pasaba y que, por cierto, no nos pelaba.
Fue en este momento de histeria que Anna me dijo: spostati che provo io! (¡Quítate, voy a intentarlo yo!). Así, gritó lo primero que se le vino a la mente en español: ¡Oigan, nos cerraron aquí!
Nada pasó...

Anna ya se empezaba a imaginar las consecuencias por meternos donde no. Se imaginaba que tendríamos que pasar la noche fría en los escalones de la iglesia con una docena de policías tratando de romper el candado... Hasta que un güerco escuchó mis gritos desesperadamente divertidos y trajo a una señora.
Ésta llegó, con su metro de estatura, y de volada se veía que estaba enojada cuando nos vió...
¿Y qué hacen ahí? ¿Pa'qué se meten donde no deben? ¿Qué no saben que está prohibido? Estaba de verdad enojada.

Entonces, que saco mi súper acento italiano para que, creyéndonos extranjeros, se le bajaran un poco los humos.

Al final, después de habernos llamado la atención en voz bajita, como no queriendo la cosa, nos dejó salir.

¡¡¡Anna y yo estuvimos salvados!!!

Ya para irnos le di un beso a la señora, que por cierto, ella era la sacritán que ni supo decirnos el color final de la iglesia.