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jueves, 5 de marzo de 2015

Opiniones.

Estoy en la búsqueda del camino más fácil para tener una vida plena y feliz. Si en cuanto al trato con los demás tú, como yo...

¿Te has preguntado cuándo es el mejor momento para dar tu opinión? o
¿Cómo saber si mi opinión será bien o mal recibida?

Para esta o más preguntas acerca de las opiniones revisa el siguiente diagrama para facilitarte la vida y encontrar más rápido la felicidad. ¡Suerte!


miércoles, 4 de febrero de 2015

PEQUEÑAS EXPECTATIVAS QUE PROVOCAN GUERRAS:


UN PROBLEMA PERSONAL EN UNA RELACIÓN DE PAREJA QUE SE SOLUCIONA ASÍ, PERSONALMENTE

_ “Es mi cumpleaños y espero la vitamina para fortalecer mi autoestima: las felicitaciones en mi muro de Facebook, especialmente, la de mi persona favorita en el mundo, mi pareja. No es que quiera algo especial, para nada. No espero nada, soy feliz sólo con su felicitación”.

Uno de los problemas más grande entre los seres humanos es, naturalmente, una alteración en el proceso de comunicación. Sin embrago, esto sucede porque de una u otra forma dos personas que piensan diferente tienen expectativas diferentes. Y no está mal tener expectativas. Todos las personas esperan algo siempre, un resultado; es normal. Lo que no es benéfico es hacer un drama de la vida porque no se obtuvieron los resultados que uno esperaba.

Muchas veces las cosas no son como uno las espera, y ni qué decir de las personas. Cada persona tiene sus ideas, sus propósitos y sus conflictos. Esto es así en todas las sociedades del mundo.

Veamos lo que sucede en el caso de introducción. Transcurre todo el día de cumpleaños y la persona X no recibe la felicitación de la persona Y. Lo que comúnmente se esperaría, hablando del común denominador poblacional,  es que la persona X se moleste, y no sólo eso, se reconoce y acepta convencionalmente que está en su derecho de sentirse miserable por causa de que la persona Y no cumpliera una expectativa tan sencilla. Entonces, la persona X se siente desilusionada, defraudada, decepcionada, triste, etc.

En una relación de pareja convencional se acostumbra que alguien haga cosas para hacer sentir bien al otro, pero a fin de cuentas, estas cosas terminan por hacer bien a quien las realiza. Pongamos un ejemplo, la persona X le da una flor a la persona Y, para hacerle saber a Y que es amada. Regularmente, X esperaría saber que su regalo fue aceptado con agrado ya sea por una sonrisa, un beso o un “gracias” de parte de Y. Esta retroalimentación hace sentir bien a X, finalmente.

Ahora, hagamos una suposición drástica, ¿qué pasaría si Y estuviera separada de X, a modo de que no hubiera manera de comunicación de ningún tipo, ni visual, ni auditiva, ni kinestésica; sólo existe en una puerta, cerrada herméticamente, una rendija con un pequeño cajón deslizable que impide la comunicación, y sólo es posible colocar un pequeño objeto? Si la persona X le coloca una flor a la persona Y, no habrá forma de saber si la flor fue bien recibida o no. Entonces, ¿cómo se sentirá X, bien o mal? El bienestar o malestar de la persona X se reduce a su manera de pensar. Todo se resume a lo que X se imagine. Si se imagina que Y suspira por la flor que le dio, entonces se sentirá bien. Pero si piensa que su flor ni siquiera fue recibida, es probable que sienta ansiedad, tristeza o cualquier otro sentimiento diferente de la paz o la felicidad.

Lo mismo sucede con quienes hacen mandas o sacrificios a una deidad o figura venerable para ellos. Se convencen de que sus actos están siendo tomados de la mejor manera y esto los hace sentirse bien, de cierta forma. La verdad, todo está en sus mentes. No tienen manera de comprobar si el ser místico recibe con agrado lo que hacen o no. Se limitan a decir que lo sienten, o que lo sueñan, o cualquier otra cosa que forma parte de una experiencia interna. El bienestar o malestar de lo que hacen depende de cómo piensen.

De acuerdo a varias filosofías, entre ellas las teológicas, los seres humanos tienen un objetivo en común: tener paz. De ésta se deriva, la dicha y el bienestar, en resumen, la felicidad. Viktor Frakl, reconocido psiquiatra y neurólogo que estudió el comportamiento humano, dice que el hombre tiene la capacidad de encontrarle sentido a la vida y de ser feliz en medio de cualquier circunstancia. Es una necesidad y un derecho; siempre ha estado inmanente en cada ser humano. Esta búsqueda es tan antigua como la humanidad misma. Una filosofía muy antigua que habla de esto, es una técnica hawaiana ancestral llamada Ho’oponopono.

El Ho’oponopono dice que cada ser es responsable al 100% de todo lo que le sucede a su alrededor. No significa que tenga la culpa de lo que pasa, sino la responsabilidad de cambiarlo si no le gusta. Dice que un problema es lo que cada quien decide que es un problema. Si se piensa así, se deduce que el sufrimiento es opcional. Y, aunque haya dolor, porque es un hecho que no se puede ignorar, y es una realidad que muchas veces no esta en nuestras manos, siempre hay formas de cambiar de pensamiento para evitar el sufrimiento, aun en medio del dolor, que no es lo mismo.

Todo está dentro de cada quien, en sus mentes. Su manera de pensar define cómo se van a sentir.

Retomando el conflicto inicial, si la persona X tuvo una expectativa, por mínima que fuera y no se cumplió, ¿quién tiene el poder absoluto de remediar la situación? Todo sería más fácil, para el propósito de la felicidad, si no hubiera expectativas en las cosas y en las personas que no se deben ni pueden controlar. Todo sería más sencillo si lo único a esperar fuera hacernos responsables por buscar nuestra propia paz en medio de cualquier tormenta. Y sí, es posible.

lunes, 30 de septiembre de 2013

La comida más rica del mundo; así como ésta, todo lo demás.



No estoy seguro si sea cierto, pero he escuchado de algunos supuestos concursos para saber cuál es la cocina más rica del mundo. En mi país, México, he escuchado que la cocina mexicana es la mejor por su variedad de sabores. Sin embargo, un amigo Italiano que vino de paseo un mes por el sur de mi país, dijo que la comida mexicana se le hacía muy repetitiva y sin variedad; que por eso, todo el mundo sabía que la cocina italiana era la mejor. Algunas otras ocasiones, he oído de personas también extranjeras (y aquí es donde empiezo a notar ciertas “casualidades”), que la mejor cocina es la francesa. Que ésta es la base para todas las demás cocinas del mundo. Un amigo bien fresa, asegura que no ha probado nada mejor que la comida griega y turca. Y también he sabido de quienes afirman que no hay comparación alguna con la cocina asiática como la japonesa o la tailandesa.

Entonces, ¿Cuál es la comida más rica del mundo? Para mí, aunque he probado platillos deliciosos muy variados, la comida que más me pone contento son las entomatadas, (tortillas de maíz enrolladas, rellenas de queso panela, y bañadas en una salsa de tomate, cebolla y ajo; y un poco de más queso espolvoreado encima).

Pero si para mí, las entomatadas son lo que más deleite le da a mis sentidos, y, por ende me pone muy dichoso mientras las disfruto, ¿cómo viene alguien a decirme que la mejor comida es otra? He llegado a una conclusión personal: la comida más rica del mundo no es una opinión generalizada, es siempre algo personal.
Es como para algunas personas la mamá, el papá o los hijos propios son los mejores del mundo. Conozco muy poca gente (y creo que bromeaban) que estaría dispuesta a cambiar a sus hijos por otros que consideran más bonitos, más educados o más inteligentes que los suyos.

Todos los seres humanos, por más miserable que sea la condición en la que se encuentren, tienen la capacidad para ser felices aunque sea con los más mínimos detalles. Las primeras sensaciones de felicidad de acuerdo a algunos psicólogos, son las que cubren las necesidades básicas fisiológicas como respirar, comer y beber. También ayuda si el contexto en el que se llevan a cabo estas condiciones provee tranquilidad y seguridad. La comida es parte fundamental de los seres humanos, es tan común y placentera que es frecuente que tenga siempre un lugar en momentos importantes de las personas.

Los seres humanos van moldeando su forma de ser de acuerdo al entorno en el que se encuentren. Todo lo que suceda en la vida de una persona desde su infancia será almacenado en su cerebro. Todo se acumulará en la cabeza y llegará ahí a través de los sentidos. Entonces, si un infante está comiendo cualquier comida y se encuentra en un contexto demasiado agradable porque satisface todas sus necesidades básicas, y además está en un entorno tranquilo, seguro, cómodo, limpio, y lo rodean personas también satisfechas, esa información será integrada como parte de esa vivencia. Su cerebro que se encuentra estimulado con un contexto feliz, libera endorfinas para distribuir este bienestar por todo el cuerpo. Los seres humanos vinculan todo. Así, la comida que se disfrutaba en un contexto tan agradable, será vinculada como algo positivo. Si este infante repite ese platillo en el mismo ambiente, cada vez que pruebe esa comida en el futuro le remitirá a ese estado de felicidad.

Puede ser que haya sido lo contrario, y que un infante no tuvo momentos así de placenteros cuando se alimentaba. Que sus momentos de placer con la comida fueron después. No importa la edad de la persona cuando empieza a tener momentos dichosos mientras disfruta un alimento, siempre ese momento quedará grabado. Es más, puede ser un niño que sólo comía una pieza de pan de trigo mientras su familia refugiada se protegía en medio de una guerra. Si el niño, con su capacidad para ser feliz en medio de cualquier circunstancia, ve este momento como positivo porque está con su familia a fin de cuentas, cada vez que coma una pieza de pan de trigo recordará con nostalgia ese momento “feliz” de su infancia, por el nexo establecido en esos tiempos.

Es posible que una persona eduque su paladar para diferenciar diversos sabores, como la gente que se dedica a la gastronomía o que tiene que ver con la comida. Esta gente tiene un poco más de posibilidades de apreciar muchos sabores. Sin embargo, es muy difícil desvincular los sabores que lo hicieron feliz desde antaño con otros nuevos. Así, cada persona, al momento de probar un alimento y catalogarlo de rico o no, es influida, en cierta medida por aquellos sabores que se quedaron grabados en sus momentos felices.

Se afirma que los seres humanos crean estructuras desde temprana edad. Tales estructuras, una vez creadas y reafirmadas en la adolescencia y edad adulta temprana, son difíciles de destruir o reconstruir. De acuerdo a psicólogos como H. Gardner, una vez que un adulto mayor tiene fijas sus estructuras en cuanto a lo que es bello, verdadero o bueno, difícilmente aceptará algo nuevo. Por eso, la gente mayor responde menos positivamente a la moda, música, artes plásticas, entre otras cosas modernas, y prefiere las que le eran comunes en el período de su crecimiento y formación.

Así que, si un chef famoso o gastrónomo de renombre opina que una comida es más rica que otra, mi pregunta es ¿cuánto influye su propia historia personal con respecto a la comida en la evaluación que realiza? ¿Cuánto influye la opinión de otros chef de renombre en su propia opinión? Como paladares educados, es posible que distingan pequeñas sutilezas de sabores, pero aún así, es muy poco probable que se desvinculen sus vivencias con sus gustos e inclinaciones.


Entonces, creo que así como en la comida, la opinión verdadera de qué es lo más rico del mundo, es la propia. 



domingo, 22 de septiembre de 2013

El secreto de la felicidad



Estaba tomando un café muy delicioso cuando se me acerca un amigo y me pregunta. _ “Edgar, ¿eres feliz?” Su pregunta me dejó pensando en una respuesta concisa y satisfactoria. Concisa, porque me he dado cuenta de que muchas veces las personas hacen preguntas esperando escuchar una respuesta corta y de acuerdo a sus percepciones. Mis respuestas no suelen ser así y noto con un dejo de frustración que a la mitad de mi discurso explicativo, las personas pierden el interés. ¿Para qué me preguntan algo así de profundo, entonces? Bueno, en fin, sabiendo que tengo poco tiempo para expresar mi opinión, busco las palabras precisas que la resuman para que sea a la vez, satisfactoria, es decir, que a pesar de utilizar pocas palabras logre explicar de manera general lo que pienso al respecto.

Mi respuesta fue: _”Sí, pero más que feliz, estoy contento”. Pensé que de esta manera, por lo menos no iniciaba con una negación pero tampoco era del todo condescendiente y se abría la posibilidad a un intercambio de opiniones.

Considero que la felicidad es inalcanzable como un estado de ánimo permanente. Para mí la felicidad se deja sentir suavemente por períodos cortos de tiempo a lo largo de la vida. Se puede experimentar una sombra de la felicidad en determinados momentos, pero no como un estado permanente. Lo más parecido a lo que llamo felicidad es el contentamiento.

La felicidad, como lo expliqué en otra entrada al blog, es como un perro persiguiendo su propia cola. Es ese deseo del ser humano por seguir vivo. El estado eterno de felicidad es lo que nos hace seguir haciendo cosas y seguir caminando hacia el tiempo. Pareciera que por momentos la alcanzamos pero entonces, se aleja y seguimos en pos de ella. Tal vez, nadie lo sabe, pero puede ser que la felicidad sea alcanzada después de la muerte.

Entonces, decía, lo más parecido es el contentamiento. El contentamiento sería ese estado en el que uno se siente en paz consigo mismo y con lo demás alrededor. Paz y contentamiento se entrelazan. Paz, es no tener miedo o ansiedad por que algo peligroso o maligno que se acerque. Un delincuente o alguien que haya trasgredido el derecho y el espacio vital de otra persona, difícilmente  puede tener paz y por lo tanto, será difícil que tenga contentamiento.
Sería imposible tener contentamiento también si se vive en armonía con el prójimo pero se vive en líos con uno mismo. Hay personas que no hacen daño a los demás, pero con sus pensamientos se dañan a sí mismos. Los pensamientos autodestructivos son los que tiene una persona que la hacen sentirse menos, poco valiosa, inútil, fea, despreciable, etc. No puede tener paz porque vive comparándose con otros a quienes admira y no logra parecerse. Hay una guerra interna entre lo que esa persona es y no quiere ser. Hasta que comprenda que es única, especial, valiosa y útil para los demás, por ser quien y como es, podrá tener paz y disfrutar entonces del contentamiento, que repito, sería lo más cercano a esa idea de la felicidad permanente.

En una ocasión, mientras estudiaba para ser profesor, una maestra contó un cuento que se me quedó grabado y me permitió comprender un concepto que me ha servido en momentos en los que no siento contentamiento:

“Era una vez, un príncipe que salió en búsqueda de la felicidad. Quería que, cuando fuera rey, todas las personas del reino fueran felices.

Abandonó su comodidad y fue a muchos países remotos. Preguntó a sabios, monjes, gurús, políticos y magos, pero cada uno le daba una opinión que no satisfacía el príncipe. Unos le dijeron que la felicidad estaba en el conocimiento, que mientras más sabiduría y ciencia tuviera un hombre, más feliz sería; otros le compartieron que la felicidad estaba en su relación con Dios o con el universo, que alcanzaría la felicidad mientras más se dedicara a la contemplación, a la meditación y a una vida austera y religiosa; otros dijeron que la felicidad se encontraba en la riqueza y en el poder, que mientras más control tuviera sobre los súbditos, más feliz sería; otros le enseñaron que la felicidad estaba en dominar los elementos de la naturaleza, que sería muy feliz cuando pudiera someter a su voluntad las esencias creadoras del cosmos. Todos estos consejo le parecía útiles y razonables, pero en el fondo no le convencían.

Cansado de tanto buscar, decidió regresar a su hogar y en su camino se adentró por un bosque muy denso. Mientras pasaba por los grandes árboles, vio unos destellos de muchos colores. Los siguió y al ver que los destellos se hacían más intensos como luces de muchos colores se detuvo y pudo distinguir una mariposa muy grande y hermosa. Se quedó contemplando cada unos de las luces multicolores de las alas de la mariposa por un tiempo hasta que la mariposa le habló. _Veo que estás necesitado de algo. Puedo concederte un solo deseo, el que tú quieras_ .

El príncipe no daba crédito a lo que sucedía pero dijo: _Mi único deseo es saber el secreto de la felicidad para que pueda reinar un día con justicia y mi reino sea dichoso_.
_Lo que pides es muy sencillo_ Contestó la mariposa. _ El secreto de la felicidad es comprender que todos les sirven a todos.

Y dicho eso, la mariposa desapareció.” Fin.

La maestra terminó el cuento así, abruptamente, y dejó espacio para los comentarios.

Creo que cuando comprendemos que cada uno es útil para los demás, uno adquiere un valor. El valor de saber que uno es importante. También le damos a los demás su propio valor porque cada quien aporta algo único a los demás. ¿Qué es? Cada quien debe reflexionar sobre cuál es o son sus talentos para el servicio a los demás. Hay personas que pasan sus vidas haciendo un trabajo que no les satisface porque no ponen en práctica su talento especial.

El talento especial es lo que uno hace bien, le complace y es útil para sí mismo y para los demás. Dios nos ha dado por lo menos un don a cada quien. Hay que descubrirlo. Ese es un deber personal.

El comprender que todos les  sirven a todos, permite respetarse uno mismo y aún más difícil, a veces, permite vivir respetando a cada individuo porque es beneficioso.
Y, como dijo el benemérito de las América, Don Benito Juárez García: “_Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz_”.

Y como la paz y el contentamiento están relacionados, aplica. Y como el contentamiento es lo más parecido a la felicidad permanente, el cuento de la mariposa también aplica. 





miércoles, 11 de septiembre de 2013

El destino y/o la casualidad de ser felices

La premisa número uno de los seres humanos con deseos de seguir vivos, claro, porque siempre hay los que desean pasar a "mejor vida", es ser felices. (Para evitar aclaraciones posteriores hablaré sólo de los que desean seguir viviendo).

Todo lo que hacemos desde que nacemos está dirigido para obtener placer. Los bebés lloran para saciar sus necesidades básicas y al cumplirlas el cerebro produce endorfinas, que son las hormonas que hacen sentir felicidad. 

Estas necesidades básicas perduran toda la vida, pero van saliendo otras, como las necesidades de la famosa pirámide de Maslow: las de seguridad, afiliación, reconocimiento y autorealización. Pero estas necesidades se describen muy generales y de cierta manera son controlables; pero el ser humano es mucho más complejo y hay situaciones externas que no se pueden controlar.

Para los acontecimientos que simplemente ocurren sin importar la voluntad humana, los hombres (palabra genérica que en español se usa para designar a los seres humanos de ambos sexos y la cual empleo por mera regla gramatical, sin ningún fin sexista... En otra publicación hablo de esto) han creado un mundo de explicaciones para, de nuevo, hallarle el modo a la obtención de la felicidad.

Así pues, si a una persona no le salen las cosas como se las esperaba, puede ser en una tarea del colegio, en un trabajo, en una relación de amistad, de noviazgo o cualquiera otra filiación sentimental, en una situación económica, mercantil, política, etc., etc., crea pensamientos que lo distraigan de la situación problemática o compleja como: "No hay mal que por bien por venga", "De todo se aprende", "Lo que no nos mata, nos hace más fuertes" y, si la persona es cristiana: "Todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios..." (Romanos 8:28).

Si la tragedia es una que no tiene remedio o explicación el hombre ha creado frases  como: "Todo pasa por una razón", "El tiempo lo cura todo", "Los caminos de Dios son misteriosos", y más. Cada idioma y cada cultura tiene sus propias frases, como si al repetirlas o decirlas en voz alta se negara la realidad: ¡Que nos está llevando la chingada!

Eso es, al ser humano le da miedo aceptar que en ese momento le está yendo del demonio y quiere adelantarse a la parte bonita que le sigue. Anhela seguir en pos de la felicidad. Pero la verdad es que la felicidad nunca se alcanza mientras se esté vivo, después, nadie lo sabe. Por lo pronto, lo único que se puede hacer es tener contentamiento, es decir, aceptar con satisfacción y resignación lo que se vive hoy como es. Para eso, el hombre ya tiene experiencia y callo mientras más tiempo tenga en el camino del vivir. Puede ser bueno o puede ser malo, pero la verdad es que las circunstancias son como uno las quiera percibir.

Aunque cada ser pensante ya debería saber que la vida es cíclica, o sea que todo pasa y, que en algún tiempo se está bien y en otro no tan bien, se tiende a exagerar todo porque, hay que aceptarlo, nos encanta el drama.

Hace tiempo leí una historia en un librito de una autora llamada Mabel Katz que parafraseo de la siguiente manera:

"Había una vez un viejo que vivía en un reino y tenía un hermoso caballo. El rey, que andaba paseando por la aldea, al ver al animal lo quiso comprar pero el anciano se negó. Todo el pueblo decía que era un tonto, que con el dinero que el rey le daría podría salir de pobre. Al día siguiente el caballo había escapado, el anciano había olvidado cerrar la puerta del establo. Todo el pueblo se lamentaba diciendo que era una terrible tragedia porque se había perdido tan hermoso animal que el rey había querido comprar. El anciano respondió que no exageraran y que sólo se limitaran a decir que el caballo había escapado, que no se sabía lo que podría pasar después.

Al otro día, las personas del pueblo despiertan y descubren que no sólo el caballo había regresado, sino que había traído con sí otro cuatro hermosos ejemplares. El pueblo le dijo al viejo que tenía razón y que lo que había ocurrido era una gran fortuna. A lo que el hombre respondió que como siempre exageraban, que sólo consideraran que el caballo había vuelto con otros y que no podía asegurarse que fuera la mayor de las bendiciones.

El único hijo del anciano, viendo que los cuatro animales eran salvajes, trató de domar a uno, pero al intentar montarlo se cayó y se rompió las piernas quedando discapacitado para siempre. El pueblo creyó que ahora el viejo tenía razón diciendo que la llegada de los animales había sido en realidad una gran desgracia. El anciano les respondió con cólera una vez más pidiéndoles que se contuvieran en decir que esto era una gran desgracia.

Pronto, el reino entró en guerra y se enviaron a todos los varones jóvenes del pueblo. Obviamente, el hijo del anciano, al ser tullido no fue mandado al combate. El pueblo reconoció su error y dijeron que el hombre era un sabio, que efectivamente, para él era una fortuna que su hijo no pudiera caminar, de esa forma se salvaría de una muerta segura como el resto de los hijos del pueblo... El anciano, volvió a reprenderlos una vez más".

Como podemos ver, todo pasa. Lo bueno pasa y lo malo pasa. Cada uno vive ambas experiencias a lo largo de la vida.

Esto ha llevado a crear el concepto de destino o casualidad. Hay quienes piensan que todo está escrito y que realmente no hay albedrío, otros piensan que todo se va escribiendo conforme uno vaya tomando decisiones. La verdad, nadie lo sabe por certeza.

Es cierto que hay acontecimientos que parecieran que suceden porque uno los desea fuertemente. Por ejemplo, si uno piensa mucho en una persona especial y al poco tiempo se le encuentra, pareciera una gran casualidad o deseo cumplido.  Pero hay otras veces en las que se piensa lo mismo y la persona no aparece. Así es con todo. Podría ser que sólo ocurre lo que tiene qué ocurrir por el destino. Nadie lo puede asegurar con pruebas.

Sea casualidad o sea destino, la felicidad la concibo como un perro persiguiendo su propia cola. Parece que ya está a un paso pero se aleja siempre. Por eso existe la frase que dice que la felicidad está en el camino no en el destino y, esto depende de cómo se quiera percibir este camino llamado vida.

Hay sucesos mientras se viva. Punto. No se puede negar el hecho de que haya acontecimientos, al fin y al cabo la vida es una serie de ellos. Que éstos sean problemas o fortunas, cada quien lo decide. Cada quien tiene dos ojos (bueno, excepto los tuertos, pero es un decir), uno representa la posibilidad de ver todo bueno y el otro de ver todo malo. Cada quien decide qué ojo abrir para ver cada acontecimiento.