Estoy en la búsqueda del camino más fácil para tener una vida plena y feliz. Si en cuanto al trato con los demás tú, como yo...
¿Te has preguntado cuándo es el mejor momento para dar tu opinión? o
¿Cómo saber si mi opinión será bien o mal recibida?
Para esta o más preguntas acerca de las opiniones revisa el siguiente diagrama para facilitarte la vida y encontrar más rápido la felicidad. ¡Suerte!
Mi opinión es tan válida como la tuya, pero no sólo porque sí o porque no. Siempre hay una razón y una historia para tal o cual opinión. La opinión personal debe abrisre paso entre otras, represoras e ignorantes; acompañada de la voz de la vida, la que sale de la boca de la experiencia inapelable y congruente con lo que se siente bien, bueno y verdadero.
jueves, 5 de marzo de 2015
Opiniones.
miércoles, 25 de febrero de 2015
INGENIERÍA EN RELIGIÓN CELTA: MÁS QUE UN TÍTULO, UNA NECESIDAD
La religión celta por milenios ha establecido, cuidado y procurado el
equilibrio de la naturaleza en relación con sus elementos y los seres humanos.
Sin embargo, sus enseñanzas han caído en desuso por influencias ajenas y por
institucionalización de filosofías humanistas egocéntricas, en vez de una
visión holística adecuada, poniendo al ser humano como ser supremo digno de
servirse de la Tierra a su antojo. Los druidas, que son los sacerdotes y
preservadores de la cosmovisión gala, han disminuido en número e influencia.
Hoy en día, la ciencia ha ocupado el lugar que las religiones y
mitologías habían tenido por milenios. Las ingenierías sirven a la humanidad
porque reúnen y promueven los conocimientos y técnicas para ser aplicadas al
desarrollo, mantenimiento y estructuración de la naturaleza a favor de la
humanidad. Por esto, las matemáticas son fundamentales para el entendimiento
formal del cosmos. Todo, para el buen funcionamiento entre seres humanos y su
entorno.
La ingeniería en religión celta, por consiguiente, reúne todo el
bagaje necesario para lograr una homeostasis única, genuina, específica y
puntual para lograr técnicas que permitan al ser humano convivir y honrar, al
mismo tiempo, los elementos que componen su contexto. También, promueve la
comprensión del universo para la construcción de infraestructuras ecológicas,
espiritualmente capacitadas para el crecimiento integral del hombre en beneficio
de cada entidad que lo rodea. Es pues, una necesidad urgente en un mundo que
cada vez necesita más la reestructuración de sus habitantes para su sanidad
total.
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miércoles, 4 de febrero de 2015
PEQUEÑAS EXPECTATIVAS QUE PROVOCAN GUERRAS:
UN PROBLEMA PERSONAL EN UNA RELACIÓN DE PAREJA QUE SE SOLUCIONA ASÍ, PERSONALMENTE
_ “Es
mi cumpleaños y espero la vitamina para fortalecer mi autoestima: las
felicitaciones en mi muro de Facebook, especialmente, la de mi persona favorita
en el mundo, mi pareja. No es que quiera algo especial, para nada. No espero
nada, soy feliz sólo con su felicitación”.
Uno
de los problemas más grande entre los seres humanos es, naturalmente, una
alteración en el proceso de comunicación. Sin embrago, esto sucede porque de
una u otra forma dos personas que piensan diferente tienen expectativas
diferentes. Y no está mal tener expectativas. Todos las personas esperan algo
siempre, un resultado; es normal. Lo que no es benéfico es hacer un drama de la
vida porque no se obtuvieron los resultados que uno esperaba.
Muchas
veces las cosas no son como uno las espera, y ni qué decir de las personas.
Cada persona tiene sus ideas, sus propósitos y sus conflictos. Esto es así en
todas las sociedades del mundo.
Veamos
lo que sucede en el caso de introducción. Transcurre todo el día de cumpleaños
y la persona X no recibe la felicitación de la persona Y. Lo que comúnmente se
esperaría, hablando del común denominador poblacional, es que la persona X se moleste, y no sólo eso,
se reconoce y acepta convencionalmente que está en su derecho de sentirse
miserable por causa de que la persona Y no cumpliera una expectativa tan
sencilla. Entonces, la persona X se siente desilusionada, defraudada, decepcionada,
triste, etc.
En
una relación de pareja convencional se acostumbra que alguien haga cosas para
hacer sentir bien al otro, pero a fin de cuentas, estas cosas terminan por
hacer bien a quien las realiza. Pongamos un ejemplo, la persona X le da una
flor a la persona Y, para hacerle saber a Y que es amada. Regularmente, X
esperaría saber que su regalo fue aceptado con agrado ya sea por una sonrisa,
un beso o un “gracias” de parte de Y. Esta retroalimentación hace sentir bien a
X, finalmente.
Ahora,
hagamos una suposición drástica, ¿qué pasaría si Y estuviera separada de X, a
modo de que no hubiera manera de comunicación de ningún tipo, ni visual, ni
auditiva, ni kinestésica; sólo existe en una puerta, cerrada herméticamente,
una rendija con un pequeño cajón deslizable que impide la comunicación, y sólo
es posible colocar un pequeño objeto? Si la persona X le coloca una flor a la
persona Y, no habrá forma de saber si la flor fue bien recibida o no. Entonces,
¿cómo se sentirá X, bien o mal? El bienestar o malestar de la persona X se
reduce a su manera de pensar. Todo se resume a lo que X se imagine. Si se
imagina que Y suspira por la flor que le dio, entonces se sentirá bien. Pero si
piensa que su flor ni siquiera fue recibida, es probable que sienta ansiedad,
tristeza o cualquier otro sentimiento diferente de la paz o la felicidad.
Lo
mismo sucede con quienes hacen mandas o sacrificios a una deidad o figura
venerable para ellos. Se convencen de que sus actos están siendo tomados de la
mejor manera y esto los hace sentirse bien, de cierta forma. La verdad, todo
está en sus mentes. No tienen manera de comprobar si el ser místico recibe con
agrado lo que hacen o no. Se limitan a decir que lo sienten, o que lo sueñan, o
cualquier otra cosa que forma parte de una experiencia interna. El bienestar o
malestar de lo que hacen depende de cómo piensen.
De
acuerdo a varias filosofías, entre ellas las teológicas, los seres humanos
tienen un objetivo en común: tener paz. De ésta se deriva, la dicha y el bienestar,
en resumen, la felicidad. Viktor Frakl, reconocido psiquiatra y neurólogo que
estudió el comportamiento humano, dice que el hombre tiene la capacidad de
encontrarle sentido a la vida y de ser feliz en medio de cualquier
circunstancia. Es una necesidad y un derecho; siempre ha estado inmanente en
cada ser humano. Esta búsqueda es tan antigua como la humanidad misma. Una
filosofía muy antigua que habla de esto, es una técnica hawaiana ancestral
llamada Ho’oponopono.
El
Ho’oponopono dice que cada ser es responsable al 100% de todo lo que le sucede
a su alrededor. No significa que tenga la culpa de lo que pasa, sino la
responsabilidad de cambiarlo si no le gusta. Dice que un problema es lo que
cada quien decide que es un problema. Si se piensa así, se deduce que el
sufrimiento es opcional. Y, aunque haya dolor, porque es un hecho que no se
puede ignorar, y es una realidad que muchas veces no esta en nuestras manos,
siempre hay formas de cambiar de pensamiento para evitar el sufrimiento, aun en
medio del dolor, que no es lo mismo.
Todo
está dentro de cada quien, en sus mentes. Su manera de pensar define cómo se
van a sentir.
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miércoles, 28 de enero de 2015
México, una lavadora reverseada
México es un país vasto en cosas buenas, pero también en situaciones
problemáticas. Estas últimas serían muchas, sin embargo, hay algunas que
afectan directamente el día a día de sus habitantes, como quien dice, sus trapitos
sucios que no salen a la luz internacional.
Los trapos nejos que repercuten a los mexicanos y los ponen como amas
de casa obsesionadas en limpiarlas son, sin duda: la pobre situación laboral
con su poca oferta y bajos sueldos, el problema de la salud pública, el bajo
nivel adquisitivo para la alimentación, el caos en el transporte público y la
necesidad de una educación de calidad asequible para todos.
La política actual hace finta de dar solución a esta problemática,
pero lo único que hace es meter mano sucia en cada uno de estos aspectos y no
hace más que formar una mezcolanza nauseabunda, dejando al estado más
repercutido y ajado que antes. México es, por lo tanto, como una gran lavadora
que en vez de lavar, ensucia.
Por un lado, está el problema de la falta de empleo. La política, para
dar solución a esto, abre el comercio internacional que no hace más que
abaratar la mano de obra nacional y darle oportunidad a empresas extranjeras
mejores capacitadas, haciendo que los empresarios locales pierdan oportunidades
ante los monstruos foráneos.
Las reformas educativas, por su parte, en vez de preparar ciudadanos
capaces de ser autosuficientes, prepara trabajadores habilidosos y sometidos,
listos para servir como mano de obra baratísima para los empresarios de otros
países que abren en el país.
Y si el salario mínimo es bajo, se viene un efecto dominó que arremete
contra la canasta básica alimenticia, el transporte público y, prácticamente,
acceso nulo a una opción de salubridad adecuada para los miembros de una
familia ordinaria.
Ahora, como el problema reside en la
configuración “de la lavadora” no basta con cambiar de “lavandera”. Sino en
componerla desde adentro. ¿No?
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