No estoy seguro si sea cierto, pero he escuchado de algunos supuestos concursos para saber cuál es la cocina más rica del mundo. En mi país, México, he escuchado que la cocina mexicana es la mejor por su variedad de sabores. Sin embargo, un amigo Italiano que vino de paseo un mes por el sur de mi país, dijo que la comida mexicana se le hacía muy repetitiva y sin variedad; que por eso, todo el mundo sabía que la cocina italiana era la mejor. Algunas otras ocasiones, he oído de personas también extranjeras (y aquí es donde empiezo a notar ciertas “casualidades”), que la mejor cocina es la francesa. Que ésta es la base para todas las demás cocinas del mundo. Un amigo bien fresa, asegura que no ha probado nada mejor que la comida griega y turca. Y también he sabido de quienes afirman que no hay comparación alguna con la cocina asiática como la japonesa o la tailandesa.
Entonces, ¿Cuál es la comida más
rica del mundo? Para mí, aunque he probado platillos deliciosos muy
variados, la comida que más me pone contento son las entomatadas, (tortillas de
maíz enrolladas, rellenas de queso panela, y bañadas en una salsa de tomate,
cebolla y ajo; y un poco de más queso espolvoreado encima).
Pero si para mí, las entomatadas son lo que más deleite le da a mis sentidos, y, por ende me pone muy dichoso
mientras las disfruto, ¿cómo viene alguien a decirme que la mejor comida es
otra? He llegado a una conclusión personal: la comida más rica del mundo no es
una opinión generalizada, es siempre algo personal.
Es como para algunas personas la
mamá, el papá o los hijos propios son los mejores del mundo. Conozco muy poca
gente (y creo que bromeaban) que estaría dispuesta a cambiar a sus hijos por
otros que consideran más bonitos, más educados o más inteligentes que los
suyos.
Todos los seres humanos, por más
miserable que sea la condición en la que se encuentren, tienen la capacidad
para ser felices aunque sea con los más mínimos detalles. Las primeras
sensaciones de felicidad de acuerdo a algunos psicólogos, son las que cubren
las necesidades básicas fisiológicas como respirar, comer y beber. También
ayuda si el contexto en el que se llevan a cabo estas condiciones provee tranquilidad y seguridad. La comida es parte fundamental de los seres humanos,
es tan común y placentera que es frecuente que tenga siempre un lugar en
momentos importantes de las personas.
Los seres humanos van moldeando su
forma de ser de acuerdo al entorno en el que se encuentren. Todo lo que suceda
en la vida de una persona desde su infancia será almacenado en su cerebro. Todo
se acumulará en la cabeza y llegará ahí a través de los sentidos. Entonces, si
un infante está comiendo cualquier comida y se encuentra en un contexto demasiado
agradable porque satisface todas sus necesidades básicas, y además está en un
entorno tranquilo, seguro, cómodo, limpio, y lo rodean personas también
satisfechas, esa información será integrada como parte de esa vivencia. Su cerebro
que se encuentra estimulado con un contexto feliz, libera endorfinas para distribuir
este bienestar por todo el cuerpo. Los seres humanos vinculan todo. Así, la
comida que se disfrutaba en un contexto tan agradable, será vinculada como algo
positivo. Si este infante repite ese platillo en el mismo ambiente, cada vez
que pruebe esa comida en el futuro le remitirá a ese estado de felicidad.
Puede ser que haya sido lo
contrario, y que un infante no tuvo momentos así de placenteros cuando se
alimentaba. Que sus momentos de placer con la comida fueron después. No importa
la edad de la persona cuando empieza a tener momentos dichosos mientras
disfruta un alimento, siempre ese momento quedará grabado. Es más, puede ser un
niño que sólo comía una pieza de pan de trigo mientras su familia refugiada se
protegía en medio de una guerra. Si el niño, con su capacidad para ser feliz en
medio de cualquier circunstancia, ve este momento como positivo porque está con
su familia a fin de cuentas, cada vez que coma una pieza de pan de trigo
recordará con nostalgia ese momento “feliz” de su infancia, por el nexo establecido
en esos tiempos.
Es posible que una persona eduque
su paladar para diferenciar diversos sabores, como la gente que se dedica a la
gastronomía o que tiene que ver con la comida. Esta gente tiene un poco más de
posibilidades de apreciar muchos sabores. Sin embargo, es muy difícil desvincular
los sabores que lo hicieron feliz desde antaño con otros nuevos. Así, cada
persona, al momento de probar un alimento y catalogarlo de rico o no, es
influida, en cierta medida por aquellos sabores que se quedaron grabados en sus
momentos felices.
Se afirma que los seres humanos
crean estructuras desde temprana edad. Tales estructuras, una vez creadas y
reafirmadas en la adolescencia y edad adulta temprana, son difíciles de
destruir o reconstruir. De acuerdo a psicólogos como H. Gardner, una vez que un
adulto mayor tiene fijas sus estructuras en cuanto a lo que es bello, verdadero
o bueno, difícilmente aceptará algo nuevo. Por eso, la gente mayor responde menos
positivamente a la moda, música, artes plásticas, entre otras cosas modernas, y
prefiere las que le eran comunes en el período de su crecimiento y formación.
Así que, si un chef famoso o
gastrónomo de renombre opina que una comida es más rica que otra, mi pregunta
es ¿cuánto influye su propia historia personal con respecto a la comida en la
evaluación que realiza? ¿Cuánto influye la opinión de otros chef de renombre en
su propia opinión? Como paladares educados, es posible que distingan pequeñas
sutilezas de sabores, pero aún así, es muy poco probable que se desvinculen sus
vivencias con sus gustos e inclinaciones.
Entonces, creo que así como en la
comida, la opinión verdadera de qué es lo más rico del mundo, es la propia.

