Tristemente algunas mujeres y pocos hombres viven en un mundo de cuentos de princesas bondadosas y príncipes caballeros. Ese es un mundo que despareció hace mucho tiempo. Sin embargo, en este siglo XXI, aún hay algunas reminiscencias ilusas de aquellas épocas... o más bien, aquellos cuentos.
La liberación femenina tiene mucha relevancia en esto. La liberación femenina es un paso a la igualdad de sexos, si es que no se pasa de la raya y termina siendo un feminismo.
Los hombres y las mujeres deberían distinguirse únicamente por las diferencias genitales, y algunas físicas (pocas e irrelevantes), ni más ni menos.
Las mujeres de actualidad, a diferencia de años atrás en el mundo occidental, trabajan horarios iguales a los de los hombres, ejercen roles que antes se pensaban que eran estrictamente masculinos, visten como desean, incluso de pantalón, tenis y gorra; se cortan el pelo a ras, se maquillan si quieren, leen, van al cine, viajan, dicen y piensas lo que desean, votan, etc. No hay leyes que regulen más este tipo de actividades. Incluso, socialmente, se ven como cosas normales para las mujeres de la actualidad, si no las hacen es porque no quieren. A pesar de que aún exista el machismo en algunas comunidades, la libertad se impone.
Pero es entonces cuando surge un problema para las mujeres y para los hombres: la dificultad de encontrar una pareja. Hombres y mujeres han aceptado estos "ajustes" a los roles, pero hay otros que se resisten. Me refiero a la dichosa "caballerosidad".
Muchas féminas actuales con todas las libertades que gozan, todavía esperan que su pareja sea un caballero, así como esos de los cuentos medievales. Esperan (y si no, aun piensan que sería ideal) que el hombre las corteje, ¿cómo? igual que los caballeros andantes de antaño. Que les hablen, que las inviten, que les paguen, que les abran la puerta, que las carguen, que les traigan, que las lleven, que les resuelvan los problemas, que mantengan la casa y la familia, si están casados, que las defiendan, que tengan detalles públicos de su amor, etcétera, etcétera.
Sé que algunas mujeres no quieren estas cosas, pero realmente, aún las más liberales, sueñan con un hombre que las trate así.
Ningunas de las acciones mencionadas están mal, pero son tan válidas tanto de un hombre para una mujer como de una mujer para un hombre. O, inclusive, de un hombre para otro hombre o de una mujer para otra mujer. Todas las acciones buenas deben ser buenas para todos los seres humanos sin importar el género.
El problema está en que si una mujer espera todos esos actos caballerosos, está mandando una señal errónea a su pareja si es que ella no está dispuesta a ser una pareja sumisa y abnegada. No se pueden tener sólo beneficios sin obligaciones.
En los tiempos antiguos, en la cultura de occidente, la mujer era considerada inferior al hombre. Es muchas sociedades, ni siquiera era considerada como un ciudadano y no tenía voz ni voto en las decisiones de la comunidad. Es más, ni era contada en los censos. Era un ser marginado que no podía (por las ideas de entonces) trabajar, estudiar o hacer actividades igualitarias a aquellas permitidas a los varones.
Por consiguiente su existencia y estatus dependían del hombre que se hiciera cargo de ella. Como era un ser que "ni podía tener ideas supremas ni pensar como un varón", debía someterse a la voluntad del padre y después del marido, y si era soltera y huérfana, pues del hermano, y si enviudaba, dependía de su hijo.
El hombre era el único que podía iniciar una relación amorosa. Él elegía a una chica que le gustara. No había necesidad de conocer sus modos, pues su conducta se esperaba que fuera igual a las demás chicas, sumisas y dispuestas a cumplir la voluntad del varón. una vez, elegida, se le cortejaba. Se le "domaba" como a un animal para que le perteneciera. Obviamente, el hombre tenía que hacerla sentir bien para que no lo odiara y deseara no desposarlo, cosa que realmente a pocos hombres les importaba, los padres pactaban el matrimonio desde antes.
Las mujeres no tenían muchas elecciones ni opciones. Esos eran los caballeros. Los que pagaban todo, pero porque las mujeres no trabajaban, los que abrían puertas pero porque las mujeres eran tan "débiles" que no podían, los que las cargaban, pero porque el vestuario de las doncellas hacía imposible muchos movimientos, los que las mantenían y dirigían, pero porque las mujeres no eran consideradas capaces de tener ideas propias o válidas.
Entonces, volviendo a la actualidad, si una mujer espera ser tratada como dama por un caballero, debería ser consciente de que al permitir ser tratada así, está mandando una señal de que desea ser sometida por un caballero andante. Esto apocas mujeres les agrada hoy en día.
El caso extremo es que los hombres de hoy deseen ser tratados como aquellas damas, esos son los princesos. Tampoco hay que ser extremistas. Está bien y debería aceptarse que una mujer tenga actitudes gentiles con un hombre, cuando los dos estén de acuerdo. Nadie debería obligar a nadie.
Es por estas contrariedades que a muchas "princesas" y "princesos" les cuesta entablar una relación. Porque esperan cosas que ya no aplican. Los principes están extendiéndose porque se han dado cuenta de la injusticia y el absurdo de las expectativas de algunas personas que quieren una vida de personaje de cuento pero siendo quien lo escribe a la vez. He ahí la paradójica imposibilidad.
Es por estas contrariedades que a muchas "princesas" y "princesos" les cuesta entablar una relación. Porque esperan cosas que ya no aplican. Los principes están extendiéndose porque se han dado cuenta de la injusticia y el absurdo de las expectativas de algunas personas que quieren una vida de personaje de cuento pero siendo quien lo escribe a la vez. He ahí la paradójica imposibilidad.
Seamos justos en todos los sentidos y mejor aun, coherentes con lo que pensamos y esperamos. Tratemos como queramos ser tratados a todos. Independientemente de su sexo.
Concluyo reiterando que no estoy en contra de los actos amables y corteses. ¡Al contrario!, los promuevo, pero como actos llenos de amor y amabilidad que nazcan desde adentro por cualquier humano. No importa si es hombre o mujer.

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