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miércoles, 4 de febrero de 2015

PEQUEÑAS EXPECTATIVAS QUE PROVOCAN GUERRAS:


UN PROBLEMA PERSONAL EN UNA RELACIÓN DE PAREJA QUE SE SOLUCIONA ASÍ, PERSONALMENTE

_ “Es mi cumpleaños y espero la vitamina para fortalecer mi autoestima: las felicitaciones en mi muro de Facebook, especialmente, la de mi persona favorita en el mundo, mi pareja. No es que quiera algo especial, para nada. No espero nada, soy feliz sólo con su felicitación”.

Uno de los problemas más grande entre los seres humanos es, naturalmente, una alteración en el proceso de comunicación. Sin embrago, esto sucede porque de una u otra forma dos personas que piensan diferente tienen expectativas diferentes. Y no está mal tener expectativas. Todos las personas esperan algo siempre, un resultado; es normal. Lo que no es benéfico es hacer un drama de la vida porque no se obtuvieron los resultados que uno esperaba.

Muchas veces las cosas no son como uno las espera, y ni qué decir de las personas. Cada persona tiene sus ideas, sus propósitos y sus conflictos. Esto es así en todas las sociedades del mundo.

Veamos lo que sucede en el caso de introducción. Transcurre todo el día de cumpleaños y la persona X no recibe la felicitación de la persona Y. Lo que comúnmente se esperaría, hablando del común denominador poblacional,  es que la persona X se moleste, y no sólo eso, se reconoce y acepta convencionalmente que está en su derecho de sentirse miserable por causa de que la persona Y no cumpliera una expectativa tan sencilla. Entonces, la persona X se siente desilusionada, defraudada, decepcionada, triste, etc.

En una relación de pareja convencional se acostumbra que alguien haga cosas para hacer sentir bien al otro, pero a fin de cuentas, estas cosas terminan por hacer bien a quien las realiza. Pongamos un ejemplo, la persona X le da una flor a la persona Y, para hacerle saber a Y que es amada. Regularmente, X esperaría saber que su regalo fue aceptado con agrado ya sea por una sonrisa, un beso o un “gracias” de parte de Y. Esta retroalimentación hace sentir bien a X, finalmente.

Ahora, hagamos una suposición drástica, ¿qué pasaría si Y estuviera separada de X, a modo de que no hubiera manera de comunicación de ningún tipo, ni visual, ni auditiva, ni kinestésica; sólo existe en una puerta, cerrada herméticamente, una rendija con un pequeño cajón deslizable que impide la comunicación, y sólo es posible colocar un pequeño objeto? Si la persona X le coloca una flor a la persona Y, no habrá forma de saber si la flor fue bien recibida o no. Entonces, ¿cómo se sentirá X, bien o mal? El bienestar o malestar de la persona X se reduce a su manera de pensar. Todo se resume a lo que X se imagine. Si se imagina que Y suspira por la flor que le dio, entonces se sentirá bien. Pero si piensa que su flor ni siquiera fue recibida, es probable que sienta ansiedad, tristeza o cualquier otro sentimiento diferente de la paz o la felicidad.

Lo mismo sucede con quienes hacen mandas o sacrificios a una deidad o figura venerable para ellos. Se convencen de que sus actos están siendo tomados de la mejor manera y esto los hace sentirse bien, de cierta forma. La verdad, todo está en sus mentes. No tienen manera de comprobar si el ser místico recibe con agrado lo que hacen o no. Se limitan a decir que lo sienten, o que lo sueñan, o cualquier otra cosa que forma parte de una experiencia interna. El bienestar o malestar de lo que hacen depende de cómo piensen.

De acuerdo a varias filosofías, entre ellas las teológicas, los seres humanos tienen un objetivo en común: tener paz. De ésta se deriva, la dicha y el bienestar, en resumen, la felicidad. Viktor Frakl, reconocido psiquiatra y neurólogo que estudió el comportamiento humano, dice que el hombre tiene la capacidad de encontrarle sentido a la vida y de ser feliz en medio de cualquier circunstancia. Es una necesidad y un derecho; siempre ha estado inmanente en cada ser humano. Esta búsqueda es tan antigua como la humanidad misma. Una filosofía muy antigua que habla de esto, es una técnica hawaiana ancestral llamada Ho’oponopono.

El Ho’oponopono dice que cada ser es responsable al 100% de todo lo que le sucede a su alrededor. No significa que tenga la culpa de lo que pasa, sino la responsabilidad de cambiarlo si no le gusta. Dice que un problema es lo que cada quien decide que es un problema. Si se piensa así, se deduce que el sufrimiento es opcional. Y, aunque haya dolor, porque es un hecho que no se puede ignorar, y es una realidad que muchas veces no esta en nuestras manos, siempre hay formas de cambiar de pensamiento para evitar el sufrimiento, aun en medio del dolor, que no es lo mismo.

Todo está dentro de cada quien, en sus mentes. Su manera de pensar define cómo se van a sentir.

Retomando el conflicto inicial, si la persona X tuvo una expectativa, por mínima que fuera y no se cumplió, ¿quién tiene el poder absoluto de remediar la situación? Todo sería más fácil, para el propósito de la felicidad, si no hubiera expectativas en las cosas y en las personas que no se deben ni pueden controlar. Todo sería más sencillo si lo único a esperar fuera hacernos responsables por buscar nuestra propia paz en medio de cualquier tormenta. Y sí, es posible.