Mostrando las entradas con la etiqueta secreto. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta secreto. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de diciembre de 2013

Hoy abro mis ojos a un buen día

Hoy, al despertar, abrí mis ojos a un buen día. ¿Cómo sabía que lo sería?

El Dr. Viktor Frankl fue prisionero en varios campos de concentración durante al Holocausto nazi. Él sobrevivió, pero sus padres y esposa no. Vivió cosas de las que muchos de nosotros ya hemos oído o visto en documentales o películas. Después de un agotador día de pesadas labores físicas y de recibir vejaciones, insultos, torturas, desprecios y una cantidad ridícula de pan duro como su único alimento, el judío se recostaba en su pestilente galera abarrotada de hombres en similares condiciones infrahumanas. En las noches, donde una hora de sueño era una bendición para olvidar esa miseria, el hombre escuchaba a lo lejos una melodía producida por algo así como un violín. En efecto, a unas galeras de distancia, uno de los prisioneros había creado, con material encontrado, un violín que tocaba por las noches para aliviar en algo su desgracia. Al oír la música, su espíritu se elevaba y agradecía a Dios por el regalo de la apreciación y de esa manera, menguar un poco su sufrimiento. Eso, amigos, a esa capacidad de sobreponerse de cualquier adversidad en medio de cualquier situación difícil, se llama RESILIENCIA. Viktor Frankl podía sentir dicha con ese pequeño detalle musical en el centro de un horroroso huracán producido por el odio de otros.

Así, con esa historia, decido apreciar diferentemente cada detalle que el día me ofrece, porque cada apreciación que puedo hacer es un regalo en mi elección de perspectiva.

Agradezco el aire y el sol que puedo sentir. El techo y la comida que puedo disfrutar. Ver a mi familia y a las personas que me rodean. Hoy puedo pretender abrir mis ojos a la realidad que quiero percibir o imaginar. Yo decido si quiero que sea hermosa.

Hoy no es sólo otro día. Hoy es el único día que tengo por seguro, es un presente sin abrir lleno de sorpresas y acontecimientos exclusivos y la única respuesta que puedo dar a este regalo que puede ser el último, es agradecimiento.

Agradecimiento por las cosas grandes y pequeñas que puedo disfrutar porque sólo hoy, tengo la seguridad de estar vivo.

Se suele pensar en días buenos y días malos, pero no hay tal cosa. El momento actual es el único que poseo por certeza, el futuro no lo controlo. ¿Por qué habría que ser malo si, al ser único, no se puede comparar? Por lo tanto, decido que sea hermoso porque el mañana es incierto. Si mi hoy es lo único que tengo, ¿no podría exprimirle lo más sublime para almacenar por la eternidad ese recuerdo?

Hoy disfruto cada detalle, cada sonrisa que veo, pero también me gozo con cada sonrisa que regalo y con cada buen deseo que decido ofrecer a los demás. Decido apreciar una hoja volar en el viento, una hormiga que trabaja para pasar el invierno; un ave que puede cantar y los murmullos típicos de mi ciudad.

Tomo conciencia que puedo moverme, hablar, ver, oír, sentir y respirar. Puedo permanecer en un lugar, pero también puedo ir o venir a donde quiera con mi imaginación, si no puedo en la vida real, y lo mejor es que tengo la libertad de crear.

Abro los ojos de mi alma para abrazar cada bendición de Dios y permito que fluya a los demás a través de mi presencia en el mundo.



Hoy abro mis ojos y así será, de verdad, un buen día.

domingo, 22 de septiembre de 2013

El secreto de la felicidad



Estaba tomando un café muy delicioso cuando se me acerca un amigo y me pregunta. _ “Edgar, ¿eres feliz?” Su pregunta me dejó pensando en una respuesta concisa y satisfactoria. Concisa, porque me he dado cuenta de que muchas veces las personas hacen preguntas esperando escuchar una respuesta corta y de acuerdo a sus percepciones. Mis respuestas no suelen ser así y noto con un dejo de frustración que a la mitad de mi discurso explicativo, las personas pierden el interés. ¿Para qué me preguntan algo así de profundo, entonces? Bueno, en fin, sabiendo que tengo poco tiempo para expresar mi opinión, busco las palabras precisas que la resuman para que sea a la vez, satisfactoria, es decir, que a pesar de utilizar pocas palabras logre explicar de manera general lo que pienso al respecto.

Mi respuesta fue: _”Sí, pero más que feliz, estoy contento”. Pensé que de esta manera, por lo menos no iniciaba con una negación pero tampoco era del todo condescendiente y se abría la posibilidad a un intercambio de opiniones.

Considero que la felicidad es inalcanzable como un estado de ánimo permanente. Para mí la felicidad se deja sentir suavemente por períodos cortos de tiempo a lo largo de la vida. Se puede experimentar una sombra de la felicidad en determinados momentos, pero no como un estado permanente. Lo más parecido a lo que llamo felicidad es el contentamiento.

La felicidad, como lo expliqué en otra entrada al blog, es como un perro persiguiendo su propia cola. Es ese deseo del ser humano por seguir vivo. El estado eterno de felicidad es lo que nos hace seguir haciendo cosas y seguir caminando hacia el tiempo. Pareciera que por momentos la alcanzamos pero entonces, se aleja y seguimos en pos de ella. Tal vez, nadie lo sabe, pero puede ser que la felicidad sea alcanzada después de la muerte.

Entonces, decía, lo más parecido es el contentamiento. El contentamiento sería ese estado en el que uno se siente en paz consigo mismo y con lo demás alrededor. Paz y contentamiento se entrelazan. Paz, es no tener miedo o ansiedad por que algo peligroso o maligno que se acerque. Un delincuente o alguien que haya trasgredido el derecho y el espacio vital de otra persona, difícilmente  puede tener paz y por lo tanto, será difícil que tenga contentamiento.
Sería imposible tener contentamiento también si se vive en armonía con el prójimo pero se vive en líos con uno mismo. Hay personas que no hacen daño a los demás, pero con sus pensamientos se dañan a sí mismos. Los pensamientos autodestructivos son los que tiene una persona que la hacen sentirse menos, poco valiosa, inútil, fea, despreciable, etc. No puede tener paz porque vive comparándose con otros a quienes admira y no logra parecerse. Hay una guerra interna entre lo que esa persona es y no quiere ser. Hasta que comprenda que es única, especial, valiosa y útil para los demás, por ser quien y como es, podrá tener paz y disfrutar entonces del contentamiento, que repito, sería lo más cercano a esa idea de la felicidad permanente.

En una ocasión, mientras estudiaba para ser profesor, una maestra contó un cuento que se me quedó grabado y me permitió comprender un concepto que me ha servido en momentos en los que no siento contentamiento:

“Era una vez, un príncipe que salió en búsqueda de la felicidad. Quería que, cuando fuera rey, todas las personas del reino fueran felices.

Abandonó su comodidad y fue a muchos países remotos. Preguntó a sabios, monjes, gurús, políticos y magos, pero cada uno le daba una opinión que no satisfacía el príncipe. Unos le dijeron que la felicidad estaba en el conocimiento, que mientras más sabiduría y ciencia tuviera un hombre, más feliz sería; otros le compartieron que la felicidad estaba en su relación con Dios o con el universo, que alcanzaría la felicidad mientras más se dedicara a la contemplación, a la meditación y a una vida austera y religiosa; otros dijeron que la felicidad se encontraba en la riqueza y en el poder, que mientras más control tuviera sobre los súbditos, más feliz sería; otros le enseñaron que la felicidad estaba en dominar los elementos de la naturaleza, que sería muy feliz cuando pudiera someter a su voluntad las esencias creadoras del cosmos. Todos estos consejo le parecía útiles y razonables, pero en el fondo no le convencían.

Cansado de tanto buscar, decidió regresar a su hogar y en su camino se adentró por un bosque muy denso. Mientras pasaba por los grandes árboles, vio unos destellos de muchos colores. Los siguió y al ver que los destellos se hacían más intensos como luces de muchos colores se detuvo y pudo distinguir una mariposa muy grande y hermosa. Se quedó contemplando cada unos de las luces multicolores de las alas de la mariposa por un tiempo hasta que la mariposa le habló. _Veo que estás necesitado de algo. Puedo concederte un solo deseo, el que tú quieras_ .

El príncipe no daba crédito a lo que sucedía pero dijo: _Mi único deseo es saber el secreto de la felicidad para que pueda reinar un día con justicia y mi reino sea dichoso_.
_Lo que pides es muy sencillo_ Contestó la mariposa. _ El secreto de la felicidad es comprender que todos les sirven a todos.

Y dicho eso, la mariposa desapareció.” Fin.

La maestra terminó el cuento así, abruptamente, y dejó espacio para los comentarios.

Creo que cuando comprendemos que cada uno es útil para los demás, uno adquiere un valor. El valor de saber que uno es importante. También le damos a los demás su propio valor porque cada quien aporta algo único a los demás. ¿Qué es? Cada quien debe reflexionar sobre cuál es o son sus talentos para el servicio a los demás. Hay personas que pasan sus vidas haciendo un trabajo que no les satisface porque no ponen en práctica su talento especial.

El talento especial es lo que uno hace bien, le complace y es útil para sí mismo y para los demás. Dios nos ha dado por lo menos un don a cada quien. Hay que descubrirlo. Ese es un deber personal.

El comprender que todos les  sirven a todos, permite respetarse uno mismo y aún más difícil, a veces, permite vivir respetando a cada individuo porque es beneficioso.
Y, como dijo el benemérito de las América, Don Benito Juárez García: “_Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz_”.

Y como la paz y el contentamiento están relacionados, aplica. Y como el contentamiento es lo más parecido a la felicidad permanente, el cuento de la mariposa también aplica.