Estaba tomando un café muy
delicioso cuando se me acerca un amigo y me pregunta. _ “Edgar, ¿eres feliz?”
Su pregunta me dejó pensando en una respuesta concisa y satisfactoria. Concisa,
porque me he dado cuenta de que muchas veces las personas hacen preguntas
esperando escuchar una respuesta corta y de acuerdo a sus percepciones. Mis
respuestas no suelen ser así y noto con un dejo de frustración que a la mitad
de mi discurso explicativo, las personas pierden el interés. ¿Para qué me
preguntan algo así de profundo, entonces? Bueno, en fin, sabiendo que tengo
poco tiempo para expresar mi opinión, busco las palabras precisas que la resuman
para que sea a la vez, satisfactoria, es decir, que a pesar de utilizar pocas
palabras logre explicar de manera general lo que pienso al respecto.
Mi respuesta fue: _”Sí, pero
más que feliz, estoy contento”. Pensé que de esta manera, por lo menos no
iniciaba con una negación pero tampoco era del todo condescendiente y se abría
la posibilidad a un intercambio de opiniones.
Considero que la felicidad
es inalcanzable como un estado de ánimo permanente. Para mí la felicidad se
deja sentir suavemente por períodos cortos de tiempo a lo largo de la vida. Se
puede experimentar una sombra de la felicidad en determinados momentos, pero no
como un estado permanente. Lo más parecido a lo que llamo felicidad es el
contentamiento.
La felicidad, como lo
expliqué en otra entrada al blog, es como un perro persiguiendo su propia cola.
Es ese deseo del ser humano por seguir vivo. El estado eterno de felicidad es
lo que nos hace seguir haciendo cosas y seguir caminando hacia el tiempo.
Pareciera que por momentos la alcanzamos pero entonces, se aleja y seguimos en
pos de ella. Tal vez, nadie lo sabe, pero puede ser que la felicidad sea
alcanzada después de la muerte.
Entonces, decía, lo más parecido
es el contentamiento. El contentamiento sería ese estado en el que uno se
siente en paz consigo mismo y con lo demás alrededor. Paz y contentamiento se
entrelazan. Paz, es no tener miedo o ansiedad por que algo peligroso o maligno
que se acerque. Un delincuente o alguien que haya trasgredido el derecho y el
espacio vital de otra persona, difícilmente
puede tener paz y por lo tanto, será difícil que tenga contentamiento.
Sería imposible tener
contentamiento también si se vive en armonía con el prójimo pero se vive en
líos con uno mismo. Hay personas que no hacen daño a los demás, pero con sus pensamientos
se dañan a sí mismos. Los pensamientos autodestructivos son los que tiene una
persona que la hacen sentirse menos, poco valiosa, inútil, fea, despreciable,
etc. No puede tener paz porque vive comparándose con otros a quienes admira y
no logra parecerse. Hay una guerra interna entre lo que esa persona es y no
quiere ser. Hasta que comprenda que es única, especial, valiosa y útil para los
demás, por ser quien y como es, podrá tener paz y disfrutar entonces del
contentamiento, que repito, sería lo más cercano a esa idea de la felicidad
permanente.
En una ocasión, mientras
estudiaba para ser profesor, una maestra contó un cuento que se me quedó
grabado y me permitió comprender un concepto que me ha servido en momentos en
los que no siento contentamiento:
“Era una vez, un príncipe que
salió en búsqueda de la felicidad. Quería que, cuando fuera rey, todas las
personas del reino fueran felices.
Abandonó su comodidad y fue
a muchos países remotos. Preguntó a sabios, monjes, gurús, políticos y magos,
pero cada uno le daba una opinión que no satisfacía el príncipe. Unos le
dijeron que la felicidad estaba en el conocimiento, que mientras más sabiduría
y ciencia tuviera un hombre, más feliz sería; otros le compartieron que la
felicidad estaba en su relación con Dios o con el universo, que alcanzaría la
felicidad mientras más se dedicara a la contemplación, a la meditación y a una
vida austera y religiosa; otros dijeron que la felicidad se encontraba en la
riqueza y en el poder, que mientras más control tuviera sobre los súbditos, más
feliz sería; otros le enseñaron que la felicidad estaba en dominar los
elementos de la naturaleza, que sería muy feliz cuando pudiera someter a su
voluntad las esencias creadoras del cosmos. Todos estos consejo le parecía
útiles y razonables, pero en el fondo no le convencían.
Cansado de tanto buscar,
decidió regresar a su hogar y en su camino se adentró por un bosque muy denso.
Mientras pasaba por los grandes árboles, vio unos destellos de muchos colores.
Los siguió y al ver que los destellos se hacían más intensos como luces de
muchos colores se detuvo y pudo distinguir una mariposa muy grande y hermosa.
Se quedó contemplando cada unos de las luces multicolores de las alas de la
mariposa por un tiempo hasta que la mariposa le habló. _Veo que estás
necesitado de algo. Puedo concederte un solo deseo, el que tú quieras_ .
El príncipe no daba crédito
a lo que sucedía pero dijo: _Mi único deseo es saber el secreto de la felicidad
para que pueda reinar un día con justicia y mi reino sea dichoso_.
_Lo que pides es muy
sencillo_ Contestó la mariposa. _ El secreto de la felicidad es comprender que
todos les sirven a todos.
Y dicho eso, la mariposa
desapareció.” Fin.
La maestra terminó el cuento
así, abruptamente, y dejó espacio para los comentarios.
Creo que cuando comprendemos
que cada uno es útil para los demás, uno adquiere un valor. El valor de saber
que uno es importante. También le damos a los demás su propio valor porque cada
quien aporta algo único a los demás. ¿Qué es? Cada quien debe reflexionar sobre
cuál es o son sus talentos para el servicio a los demás. Hay personas que pasan
sus vidas haciendo un trabajo que no les satisface porque no ponen en práctica
su talento especial.
El talento especial es lo
que uno hace bien, le complace y es útil para sí mismo y para los demás. Dios
nos ha dado por lo menos un don a cada quien. Hay que descubrirlo. Ese es un
deber personal.
El comprender que todos
les sirven a todos, permite respetarse
uno mismo y aún más difícil, a veces, permite vivir respetando a cada individuo
porque es beneficioso.
Y, como dijo el benemérito
de las América, Don Benito Juárez García: “_Entre los individuos como entre las
naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz_”.
Y como la paz y el
contentamiento están relacionados, aplica. Y como el contentamiento es lo más
parecido a la felicidad permanente, el cuento de la mariposa también aplica.
