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lunes, 30 de septiembre de 2013

La comida más rica del mundo; así como ésta, todo lo demás.



No estoy seguro si sea cierto, pero he escuchado de algunos supuestos concursos para saber cuál es la cocina más rica del mundo. En mi país, México, he escuchado que la cocina mexicana es la mejor por su variedad de sabores. Sin embargo, un amigo Italiano que vino de paseo un mes por el sur de mi país, dijo que la comida mexicana se le hacía muy repetitiva y sin variedad; que por eso, todo el mundo sabía que la cocina italiana era la mejor. Algunas otras ocasiones, he oído de personas también extranjeras (y aquí es donde empiezo a notar ciertas “casualidades”), que la mejor cocina es la francesa. Que ésta es la base para todas las demás cocinas del mundo. Un amigo bien fresa, asegura que no ha probado nada mejor que la comida griega y turca. Y también he sabido de quienes afirman que no hay comparación alguna con la cocina asiática como la japonesa o la tailandesa.

Entonces, ¿Cuál es la comida más rica del mundo? Para mí, aunque he probado platillos deliciosos muy variados, la comida que más me pone contento son las entomatadas, (tortillas de maíz enrolladas, rellenas de queso panela, y bañadas en una salsa de tomate, cebolla y ajo; y un poco de más queso espolvoreado encima).

Pero si para mí, las entomatadas son lo que más deleite le da a mis sentidos, y, por ende me pone muy dichoso mientras las disfruto, ¿cómo viene alguien a decirme que la mejor comida es otra? He llegado a una conclusión personal: la comida más rica del mundo no es una opinión generalizada, es siempre algo personal.
Es como para algunas personas la mamá, el papá o los hijos propios son los mejores del mundo. Conozco muy poca gente (y creo que bromeaban) que estaría dispuesta a cambiar a sus hijos por otros que consideran más bonitos, más educados o más inteligentes que los suyos.

Todos los seres humanos, por más miserable que sea la condición en la que se encuentren, tienen la capacidad para ser felices aunque sea con los más mínimos detalles. Las primeras sensaciones de felicidad de acuerdo a algunos psicólogos, son las que cubren las necesidades básicas fisiológicas como respirar, comer y beber. También ayuda si el contexto en el que se llevan a cabo estas condiciones provee tranquilidad y seguridad. La comida es parte fundamental de los seres humanos, es tan común y placentera que es frecuente que tenga siempre un lugar en momentos importantes de las personas.

Los seres humanos van moldeando su forma de ser de acuerdo al entorno en el que se encuentren. Todo lo que suceda en la vida de una persona desde su infancia será almacenado en su cerebro. Todo se acumulará en la cabeza y llegará ahí a través de los sentidos. Entonces, si un infante está comiendo cualquier comida y se encuentra en un contexto demasiado agradable porque satisface todas sus necesidades básicas, y además está en un entorno tranquilo, seguro, cómodo, limpio, y lo rodean personas también satisfechas, esa información será integrada como parte de esa vivencia. Su cerebro que se encuentra estimulado con un contexto feliz, libera endorfinas para distribuir este bienestar por todo el cuerpo. Los seres humanos vinculan todo. Así, la comida que se disfrutaba en un contexto tan agradable, será vinculada como algo positivo. Si este infante repite ese platillo en el mismo ambiente, cada vez que pruebe esa comida en el futuro le remitirá a ese estado de felicidad.

Puede ser que haya sido lo contrario, y que un infante no tuvo momentos así de placenteros cuando se alimentaba. Que sus momentos de placer con la comida fueron después. No importa la edad de la persona cuando empieza a tener momentos dichosos mientras disfruta un alimento, siempre ese momento quedará grabado. Es más, puede ser un niño que sólo comía una pieza de pan de trigo mientras su familia refugiada se protegía en medio de una guerra. Si el niño, con su capacidad para ser feliz en medio de cualquier circunstancia, ve este momento como positivo porque está con su familia a fin de cuentas, cada vez que coma una pieza de pan de trigo recordará con nostalgia ese momento “feliz” de su infancia, por el nexo establecido en esos tiempos.

Es posible que una persona eduque su paladar para diferenciar diversos sabores, como la gente que se dedica a la gastronomía o que tiene que ver con la comida. Esta gente tiene un poco más de posibilidades de apreciar muchos sabores. Sin embargo, es muy difícil desvincular los sabores que lo hicieron feliz desde antaño con otros nuevos. Así, cada persona, al momento de probar un alimento y catalogarlo de rico o no, es influida, en cierta medida por aquellos sabores que se quedaron grabados en sus momentos felices.

Se afirma que los seres humanos crean estructuras desde temprana edad. Tales estructuras, una vez creadas y reafirmadas en la adolescencia y edad adulta temprana, son difíciles de destruir o reconstruir. De acuerdo a psicólogos como H. Gardner, una vez que un adulto mayor tiene fijas sus estructuras en cuanto a lo que es bello, verdadero o bueno, difícilmente aceptará algo nuevo. Por eso, la gente mayor responde menos positivamente a la moda, música, artes plásticas, entre otras cosas modernas, y prefiere las que le eran comunes en el período de su crecimiento y formación.

Así que, si un chef famoso o gastrónomo de renombre opina que una comida es más rica que otra, mi pregunta es ¿cuánto influye su propia historia personal con respecto a la comida en la evaluación que realiza? ¿Cuánto influye la opinión de otros chef de renombre en su propia opinión? Como paladares educados, es posible que distingan pequeñas sutilezas de sabores, pero aún así, es muy poco probable que se desvinculen sus vivencias con sus gustos e inclinaciones.


Entonces, creo que así como en la comida, la opinión verdadera de qué es lo más rico del mundo, es la propia. 



viernes, 27 de septiembre de 2013

Absurdos modernos: La Corbata, símbolo de esclavitud

El fin de semana fui de saco y corbata a una boda. No tardé ni media hora bailando cuando me quité la corbata por la sofocación que me hacía sentir. Otro día, en el templo al que ocasionalmente voy, escuché que era obligatorio para los chicos que cantaban usar corbata. Hace mucho tiempo supe que había restaurantes en lo que no se permite la entrada a hombres sin corbata. Y ni hablar de eventos de gala donde van las personas “importantes”.

Lo anterior me llevó a preguntarme: ¿Para qué sirve la corbata? Sin duda, hace mucho me respondí tácitamente que servía para poder estar, sin que nadie te mirara feo, en las situaciones anteriores.

Pero, realmente, ahora me respondo que: ¡LA CORBATA NO SIRVE PARA NADA! Ni siquiera es un accesorio útil. No conozco a nadie que use una corbata porque le guste la sensación. Nadie usa una corbata (como debe usarse, verdad. Es decir, ajustada al cuello) cuando está en casa o cuando va al cine con sus amigos como usaría una pulsera o un collar. Otros accesorios realzan o esconden alguna parte del cuerpo, otros tienen un significado como los anillos, otros sólo son de adorno pero no estorban ni causan molestias como las pulseras. Pero las corbatas no aportan nada bueno. Una corbata no hace que un cuello se vea más largo o estilizado; no tiene ningún significado, a menos de que diga una frase o tenga un sello distintivo de una empresa, no tapa una barriga prominente, ni da más volumen a los vientres sumidos; realza la papada (la piel colgante debajo de la mandíbula); cusa calor, comezón o picazón cuando roza con la parte baja de la barba, que es muy sensible; y, sobre todo, estorba horrores.

Por ejemplo, cuando uno va al baño la corbata es el peor de los accesorios. Si se va a hacer pipí, la corbata tiene que echarse hacia la espalda para que no estorbe y termine orinada. Se tiene que echar hacia atrás a fuerzas cuando alguien con corbata va al baño a hacer algo más y tiene que sentarse sobre la taza, si no, la corbata termina dentro del inodoro y ni hablar de los detalles. Estorba para deglutir agua o comida, para agachar sólo la cabeza para leer o simplemente para ver algo hacia abajo, para voltear hacia algún lado o hacia el otro. Usar una corbata no es la comodidad por excelencia y punto.

Entonces, ¿por qué hay que usar una corbata? ¿Acaso porque es elegante? ¿De dónde viene la idea de que es elegante? ¿Qué tanto influye la moda en nosotros para determinar que un hombre (o mujer) es elegante por una corbata? ¿No es posible ser elegante de otra manera que no sea usando una corbata? El asunto de la moda es algo que cada quien asimila como se le antoje, pero llevarlo al extremo de ser necesario para ciertos trabajo, puestos representativos o acceso a ciertos lugares como restaurantes o eventos, es una opresión. Es como un yugo simbólico (pero muy explícito, también). Es una manera de mostrar esclavitud. Al hacerlo necesario u obligatorio ya no hay lugar al albedrío o a los gustos personales. Con la corbata no aplica el dicho: “de la moda, lo que te acomoda”.

La corbata es un accesorio que da distinción. Ahí no tengo argumentos en contra, por supuesto que distingue, pero sólo distingue a alguien que usa de quien no usa corbata. Es todo. Es como la moda inglesa o francesa del siglo XVIII de las pelucas. Sólo porque el Rey Sol, Luis XIV , usaba una para ocultar su calvicie y todos debía imitar al rey, se popularizó a tal grado que incluso hoy en día, en las cortes inglesas, los jueces las siguen usando. “¿Pa’ qué?”.

La corbata además de ser inútil para quien la lleva puesta y estorbosa, puede ser peligrosa. Es un arma potencial para los demás, en este sentido, sí es útil, pero para quien quiera estrangular a un hombre con corbata (o mujer, porque hay algunas que las usan). Literalmente es una soga al cuello. Basta que tomes, hales fuerte y que no sueltes a alguien con corbata para que lo asfixies. En cierto modo, además de símbolo de esclavitud es un método potencialmente mortal. Se me ocurre, incluso, que llega a ser atractivo para algunas mujeres porque subconscientemente es una manera de saber que pueden matar a un hombre. Sí, puede ser que una mujer que sufrió por un hombre en su niñez, sienta que una corbata es una manera en la que puede tener la vida de un hombre en el cual proyecta su odio o frustración. Con sufrir por un hombre, me refiero a cualquier tipo de sufrimiento, no necesariamente que el hombre la haya agredido físicamente. Tal vez, la mujer sufrió por el amor de un hombre al que nunca tuvo, pudo haber sido su padre, tío, profesor, amigo, etc. De manera subconsciente, nunca obtuvo su corazón y ahora, una corbata es una proyección mental que le indica que, si quiere, puede tener la vida de ese hombre. Suena muy loco, pero se me ocurre que para alguien pueda ser cierto.

Ahora, ¿por qué se exige la corbata en ciertos lugares? ¿Acaso una corbata otorga honestidad, bondad, confiabilidad, honor y bondad a quien la usa? Esos son atributos que también tienen las personas que no usan corbata en lugares opuestos de servicios públicos, como las mujeres. Entonces, ¿por qué sentirse ofendido si un hombre en algún puesto de servicio al público no usa una corbata? ¿Ofende que no lleve puesto su símbolo de esclavitud o el arma con la que se sabe, puede matarlo? La verdad, no encuentro ninguna razón lógica para que se use una corbata. Su uso debería ser solamente si la persona quiere llevarla. Jamás algo obligado. Pero bien, sé que muchas personas obedecen a ciertas convenciones sociales absurdas y pasajeras, como las pelucas blancas del siglo XVIII y el uso de las corbatas.

Una corbata, luego entonces, si se quiere usar como accesorio, debería ser opcional de quien decida llevarla. Nunca como algo forzoso ni obligatorio.