miércoles, 28 de enero de 2015

México, una lavadora reverseada

México es un país vasto en cosas buenas, pero también en situaciones problemáticas. Estas últimas serían muchas, sin embargo, hay algunas que afectan directamente el día a día de sus habitantes, como quien dice, sus trapitos sucios que no salen a la luz internacional.
Los trapos nejos que repercuten a los mexicanos y los ponen como amas de casa obsesionadas en limpiarlas son, sin duda: la pobre situación laboral con su poca oferta y bajos sueldos, el problema de la salud pública, el bajo nivel adquisitivo para la alimentación, el caos en el transporte público y la necesidad de una educación de calidad asequible para todos.
La política actual hace finta de dar solución a esta problemática, pero lo único que hace es meter mano sucia en cada uno de estos aspectos y no hace más que formar una mezcolanza nauseabunda, dejando al estado más repercutido y ajado que antes. México es, por lo tanto, como una gran lavadora que en vez de lavar, ensucia.
Por un lado, está el problema de la falta de empleo. La política, para dar solución a esto, abre el comercio internacional que no hace más que abaratar la mano de obra nacional y darle oportunidad a empresas extranjeras mejores capacitadas, haciendo que los empresarios locales pierdan oportunidades ante los monstruos foráneos.
Las reformas educativas, por su parte, en vez de preparar ciudadanos capaces de ser autosuficientes, prepara trabajadores habilidosos y sometidos, listos para servir como mano de obra baratísima para los empresarios de otros países que abren en el país.
Y si el salario mínimo es bajo, se viene un efecto dominó que arremete contra la canasta básica alimenticia, el transporte público y, prácticamente, acceso nulo a una opción de salubridad adecuada para los miembros de una familia ordinaria.
Ahora, como el problema reside en la configuración “de la lavadora” no basta con cambiar de “lavandera”. Sino en componerla desde adentro. ¿No?

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