México es un país vasto en cosas buenas, pero también en situaciones
problemáticas. Estas últimas serían muchas, sin embargo, hay algunas que
afectan directamente el día a día de sus habitantes, como quien dice, sus trapitos
sucios que no salen a la luz internacional.
Los trapos nejos que repercuten a los mexicanos y los ponen como amas
de casa obsesionadas en limpiarlas son, sin duda: la pobre situación laboral
con su poca oferta y bajos sueldos, el problema de la salud pública, el bajo
nivel adquisitivo para la alimentación, el caos en el transporte público y la
necesidad de una educación de calidad asequible para todos.
La política actual hace finta de dar solución a esta problemática,
pero lo único que hace es meter mano sucia en cada uno de estos aspectos y no
hace más que formar una mezcolanza nauseabunda, dejando al estado más
repercutido y ajado que antes. México es, por lo tanto, como una gran lavadora
que en vez de lavar, ensucia.
Por un lado, está el problema de la falta de empleo. La política, para
dar solución a esto, abre el comercio internacional que no hace más que
abaratar la mano de obra nacional y darle oportunidad a empresas extranjeras
mejores capacitadas, haciendo que los empresarios locales pierdan oportunidades
ante los monstruos foráneos.
Las reformas educativas, por su parte, en vez de preparar ciudadanos
capaces de ser autosuficientes, prepara trabajadores habilidosos y sometidos,
listos para servir como mano de obra baratísima para los empresarios de otros
países que abren en el país.
Y si el salario mínimo es bajo, se viene un efecto dominó que arremete
contra la canasta básica alimenticia, el transporte público y, prácticamente,
acceso nulo a una opción de salubridad adecuada para los miembros de una
familia ordinaria.
Ahora, como el problema reside en la
configuración “de la lavadora” no basta con cambiar de “lavandera”. Sino en
componerla desde adentro. ¿No?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario